Si observamos el calendario, vemos que está muy bien surtido de eventos literarios durante todo el año, resaltando que la provincia, o sea, los municipios fuera de Manizales, también están muy activos. Dentro de esas actividades se destacan los particulares y las ONG como los principales gestores, seguidos por el Estado y, en un tercer lugar, colocaría a la academia.
El tema de la literatura tiene una característica que es importante conocer para entender su dinámica: ella es individual e íntima en su producción, pero colectiva en su impacto en la comunidad. El escritor escribe solo, pero lo hace para muchos.
Así que los libros, redactados en el silencio, una vez impresos, requieren ruido y este se obtiene con las presentaciones. Y es este tipo de evento el que puebla el calendario literario del departamento. Calculo que en Caldas se producen alrededor de 200 libros al año. Cifra en sí alta que refleja mucho trabajo, pero poca difusión. De ahí la razón de ser de las ferias de libro, que lastimosamente solo se dan en Manizales una vez al año, dejando a la provincia caldense sin ese vivificante contacto del autor con su lector. A raíz de ese vacío, los autores de provincia han descubierto la Feria del Libro de Bogotá y, en asocio con la Secretaría de Cultura de Caldas, acuden a ese gran evento buscando precisamente eso: visibilidad.
Otro importante momento del libro en Caldas son los encuentros de escritores que organizan municipios como Filadelfia, Riosucio y su Encuentro de la Palabra; Manzanares tiene otro que coordina Dolly Montes. Allí a los escritores se les rinde un descoordinado homenaje mostrándole a la gente que ese oficio existe, porque las ventas de libros, o sea el verdadero interés de la población, siguen siendo bajas.
Existen varias asociaciones que reúnen a la literatura buscando en la unión la fuerza, pero su protagonismo oscila, siendo magra su presencia en el calendario. Instituciones como el Área Cultural del Banco de la República sirve de puente, ya que su fuerte es traer la literatura nacional a la ciudad y no tanto “exportar” literatos caldenses por medio de su docena de sedes en el resto del país.
Sería oportuno tocar el tema de las librerías, destacando que solo en Manizales hay esas instituciones que son un importantísimo elemento dentro de la infraestructura del libro y de la literatura. Igualmente, debo mencionar las bibliotecas, que sí hacen presencia en todos los municipios, albergando a los libros y facilitando su uso. Estos dos pilares juegan un papel discreto en darle visibilidad al que hace los libros, con excepciones como la Librería Ágora, que dando ejemplo se ha especializado en eventos literarios.
Lastimosamente, el impacto de la literatura se mide por la fama del autor, y es por eso que muchos dicen que en Caldas existe una buena cantidad de actividad literaria, pero que su calidad es baja, esgrimiendo precisamente ese maniqueo axioma de la popularidad del autor y su presencia en las letras nacionales.
La literatura en Caldas daría un importante salto si todas estas actividades del libro se articulasen dentro de un gran plan que mitigue las dificultades de esa actividad y potencialice sus ventajas.