Ahí va Julián con el tercero
Los libros de Julián Bueno son elaborados con rigor y pasión por el detalle; las fotos, las listas de personajes, los recortes de prensa parecen vitrinas de un museo
Por medio de la obra histórica de Julián Bueno es muy fácil explicar un fenómeno que cada vez se da menos en nuestro entorno: la utilidad del historiador. Vivimos un mundo donde el individuo y, por ende, todo un mundo subjetivo figura en primer lugar; hoy al escritor de todo género lo cabalga un ansia de individualidad que lo hace perder de vista la comunidad lectora primaria, la que le sirve el libro, no aquella que se ensancha por medio de publicidad. Pienso que el historiador debe ser útil a su sociedad, saber elaborar herramientas que puedan usar sus vecinos para solucionar su cotidianidad. Y esa utilidad la comprueba Julián Bueno con ese tercer aporte a la gran obra sobre el Carnaval y sobre Riosucio. Pocos son los escritores que se embarcan en tareas tan extensas y voluminosas, dejando un legado que se convierte en faro para generaciones futuras de lectores. Julián salva un pasado ubicando su contenido en libros impresos con un halo de eternidad. Aquí no se celebra el ego del autor; aquí sobresale y brilla con fuerza Riosucio y su gente. Pocos se dan cuenta de esa actitud de este monje medieval que con su labor paciente y rigurosa salva un mundo, plasmándolo en páginas adornadas con dedicación y lucidez. Estos libros se convierten en pilares de una comunidad por haber sido escritos con un corazón equilibrado inspirado en proteger un patrimonio. Admiro el rigor de Julián Bueno en su investigación, de cómo recrea cada carnaval y logra salvar detalles ínfimos, pero que, adoleciéndolos, quedaría el relato como un vestido de lentejuelas faltándole varias de ellas. Admiro que Riosucio tenga un hombre de la calidad y capacidad de Julián y ame con esa intensidad su pueblo. Envidio a Riosucio. A Manizales le hace falta un Julián para, basado en el pasado, direccionar con acierto el futuro de la Feria. Los libros de Julián son elaborados con rigor y pasión por el detalle; las fotos, las listas de personajes, los recortes de prensa parecen vitrinas de un museo que se hojean con deleite y satisfacción de ver algo tan bello y tan perfectamente presentado. Son estos tres gruesos tomos un legado, algo definitivo y de peso que Julián Bueno aporta a su gente. Mas tiene su obra algo de confesión, de íntimo, de algo que viene desde muy adentro. ¡Bienaventurados los pueblos donde sus líderes confiesan no desaciertos y errores, sino que sus confesiones promulgan un pasado que les pertenece a todos! Las hojas de los libros de Julián Bueno no se las llevará ningún viento; permanecerán y se convertirán en un techo que protegerá el carnaval y a Riosucio por siempre.