31 May, 2026

El chuchuchú nacional

El de hoy debería considerarse un voto por la Colombia del futuro; por lo que se necesita para levantarse, recuperarse, volver a sentirnos tranquilos.

Martha Lucía Gómez
Martha Lucía Gómez

Profesional en Desarrollo Familiar. 25 años como periodista de La Patria. Actual editora de Opinión del periódico La Patria. Temas de interés: política, economía, salud, educación, cultura, deporte, seguridad y todo el acontecer local, regional, nacional e internacional. Correo: martha.gomezlp@gmail.com

El Gobierno del presidente Gustavo Petro entregará una Colombia fisurada. Él mismo promovió el chuchuchú, que no solo socavó el sistema de salud, como lo anunció, también tocó todos los demás espacios de la vida pública nacional. Es un Gobierno que terminará el 7 de agosto cojeando, sin mucho para mostrar y dejar como legado.
Iniciar esta columna así se pensaría para esa fecha, en la que toma posesión quien asuma la Presidencia de la República 2026-2030, pero innegablemente tiene que ser el contexto del llamado que muchos han hecho y otros lo hacemos hoy para la elección en primera vuelta presidencial, a votar de manera deliberada, sin apasionamientos ni rabias, ni enceguecidos por ideologías.
El de hoy debería considerarse un voto por la Colombia del futuro; por lo que se necesita para levantarse, recuperarse, volver a sentirnos tranquilos y no en la zozobra generalizada en la que nos sumió el actual Gobierno, que dejará una nación golpeada. Ese debe ser el reto de quien suceda a Gustavo Petro. Votar por quien más confianza dé de las 11 personas que están en contienda.
Cómo no traer a colación la presunta violación de topes de campaña Petro presidente en el 2022, irregularidad investigada por el Consejo Nacional Electoral con miembros de este Gobierno involucrados; las interceptaciones ilegales y el uso del polígrafo en un extraño caso que parece quedó adormilado, aunque tenga de por medio una persona muerta; el multimillonario saqueo a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y los sobornos a congresistas, además de las imputaciones a tres de quienes fueron sus ministros; los zarpazos a Ecopetrol, que pasó de ser empresa próspera del Estado, a preocupación nacional por su deterioro; las concesiones a las disidencias de las Farc, al Eln y a capos del narcotráfico que no han resultado en nada, más bien fortalecido a estos grupos ilegales; las provocaciones y enfrentamientos con presidentes de otros países, que les ha tocado salir a apagar a otros para no enrarecer las relaciones diplomáticas tan necesarias en la economía nacional; las crisis en la expedición de pasaportes.
También hay que recordar del Gobierno Petro las promesas incumplidas con el sector educativo en todos sus niveles; el rechazo y ataques a todo lo que sea sector privado y sus inversiones, que es el que genera el grueso del empleo en el país; los bloqueos al sector de la construcción y de la vivienda, que ha impactado de paso también con el bienestar de muchas familias; la negativa a ejecutar grandes proyectos de infraestructura que estaban en curso y las promesas incumplidas de iniciativas que no eran realizables; destrozo del sistema de salud; sus ataques al Banco de la República; su deseo de imponerse a la institucionalidad y la insistencia en acabar con la división de poderes para fortalecer el Estado presidencialista y la estatización; los ataques a la prensa y a todo el que lo critica.
En fin, faltando muchos otros despropósitos, Gustavo Petro saldrá del Palacio de Nariño como presidente y no puede decir que le cumplió al país. Su Gobierno llegó vendiendo la idea de “vivir sabroso”, de la unidad nacional, de la Paz Total, pero nada de eso es realidad, más bien muy poco de bueno y positivo ha traído esta Administración. Cada votante debe preguntarse si esa es la Colombia en la que quiere seguir viviendo, o se detiene este lesivo chuchuchú.