“Se asegura el mantenimiento, la rehabilitación y la operación del corredor vial por lo que al transitar por estas se podrá disfrutar de vías seguras y en perfectas condiciones”, aparece en internet como beneficios de pagar un peaje operado por concesión vial.
Por ello, hablar de peajes no puede seguir siendo un pecado en Caldas. Hay que mirarlo con suficiencia técnica, más ahora con el lío que se dejó armar en este departamento con la concesión Autopistas del Café, que operará hasta el 2027 -supuestamente en febrero- el corredor entre Manizales, Pereira y Armenia.
Se trata de una molestia que venía en ebullición desde hace más de cuatro años, y con toda razón. Porque tener cinco de las siete casetas de peaje de la concesión en Caldas no es justo, menos cuando está afectando la competitividad y el desarrollo de muchas actividades en Manizales, Chinchiná, Palestina y la comunicación con Risaralda y Quindío en un corredor vial de importancia nacional.
Sectores y gremios vienen proponiendo el desmonte de algunos o de los tres peajes de Autopistas del Café en Caldas: Pavas, San Bernardo del Viento y Santágueda, y para no afectar el retorno de la concesión conservar los de Tarapacá (I y II), quizás replanteando el valor o definiendo tarifas diferenciales como se hace en muchos peajes. Son opciones que se pueden contemplar, discutir y ajustar a las normas para que nadie siga perdiendo, pero tampoco entregar este corredor sin ningún soporte al Instituto Nacional de Vías (Invías) para que lo siga manejando.
Ejemplos de vías en Colombia a las que no se les hace mantenimiento, deterioradas y sin obras que las modernicen, a cargo del Invías son muchas, inclusive cobrando costosos peajes, como el de Cerritos que lleva a Cartago. El Gobierno no ha sido eficiente para administrar y mantener vías, como sí lo han demostrado muchos privados en operaciones de este tipo. Claro que hay excepciones, se recuerdan concesiones viales que han terminado convirtiéndose en casos de corrupción nacional e internacional, pero no son la regla.
Existen en el país varias figuras de operación vial que se pueden estudiar para lo que va a ser el futuro de toda este trayecto vial del Eje Cafetero, pero es insensato que el Gobierno Petro obligue, por antojo, a entregar el manejo de la doble calzada al Invías. Si con la concesión no se ha podido lograr que en 30 años concluyan las obras requeridas, especialmente en Caldas y Risaralda, pues qué esperar al quedar en manos del Estado, que es paquidérmico y que no tiene los recursos suficientes.
También hay que preguntarse en toda esta situación ¿dónde han estado el gobernador de Caldas, Henry Gutiérrez, y el alcalde de Manizales, Jorge Eduardo Rojas? Deberían estar ayudando a buscar salidas, porque las protestas en los peajes de la concesión no le convienen a nadie. Los silencios que se han guardado no son buenos. Es momento de exponer, proponer y consolidar soluciones regionales.
Se está dejando ganar terreno a esos que de manera populista se han apoderado de esta discusión para promover candidaturas y sostener partidos. Hay que dudar cuando un político llega a prometer cambiar el mundo sin poder hacerlo. En todo esto se han dicho muchas mentiras, se han hecho promesas que no se pueden cumplir, y lo que necesita el Eje Cafetero son verdades y claridades.
22 May, 2026
Claridad para el Eje Cafetero
Es insensato que el Gobierno Petro obligue, por antojo, a entregar el manejo de la doble calzada al Invías.