11 May, 2026

Once Caldas: mordió el Tiburón

Nueve días tuvo el Arriero para preparar el partido, lapso en el que Junior disputó dos compromisos. La ventaja no se vio porque inclusive la posesión fue inferior. 

Fue la sexta victoria del Junior en 10 partidos de Liga como visitante. “Algo tiene el agua cuando la bendicen” es una frase proverbial. Vino al Palogrande y lanzó un mazazo, o un “madrazo” en la celebración del segundo domingo de mayo y dejó a Once Caldas obligado a ganar en Barranquilla para acceder al privilegiado grupo de los cuatro mejores.

También la estadística indica que como local perdió tres duelos este semestre, pero es innegable que cuenta con jugadores capaces de hacer valer la diferencia. Once Caldas se impuso en dos ocasiones afuera: 1-2 ante Cúcuta y 0-2 frente a Cali. Es la última batalla, y hay que superarla so pena de despedirse en los cuartos de final. 

Junior no hizo un solo remate al arco en el segundo tiempo. En el primero fueron dos: un mano a mano que salvó el arquero ¡siempre Parra! y el gol del 43 en doble error defensivo.

Castaño ni controló ni rechazó un balón suave y Riquett, quien además tuvo para empatar

sobre el cierre y cabeceó con la coronilla, levemente tocó a Paiva ¡penalti!.

Falta un líder en el fondo, sus centrales son torpes y aparatosos y esta vez el manejo desde el banco fue extraño al concluir sin creativos: Luis Sánchez, quien no había lucido se fue por Jader, y Andrés Roa, remplazado a los 64. Equivocadas variantes que el técnico se apresuró a explicar en la rueda de prensa ¡mala señal!.

Incomprensible que Dayro Moreno juegue partiendo desde el medio. Su gracia está arriba, es definidor y si marca es importante, de lo contrario pasa inadvertido. Le cuesta transportar, carece de velocidad y regate. Guzmán entró después de aguantar 12 minutos en zona de traslado ¡increíble! y también se acomodó por el interior del campo.

Así jugó Once Caldas. Recuerdo la frase de Mario Vanemerack: “por el centro atracan, salgan por los costados”, lo que no se hizo, facilitándole la tarea al Junior que montó un bloque 5-4, a veces hasta con seis atrás y cerró las entradas al punto de que solo dos remates con pelota quieta de Dayro fueron las opciones.

Jefry Zapata carece de control y sus pases en alto porcentaje son errados; y fíjense que las alternativas finales fueron Efraín Navarro, quien nada resuelve por Juan Pablo Patiño, de fútbol paupérrimo, y el juvenil venezolano que entró por Gómez, uno de los pocos que disparan en distancia ¡sin banco!.

Nueve días tuvo el Arriero para preparar el partido, lapso en el que Junior disputó dos compromisos. La ventaja no se vio porque inclusive la posesión fue inferior. Mala presentación del blanco que falló en los movimientos y el diseño en un instante determinante poniendo la serie patas arriba: ahora solo sirve vencer en el Romelio Martínez.

Me dice un lector: “el futbol colombiano es tan irregular que el Once termina ganando allá”. Pues, ojalá, es una final y así lo deben entender técnicos y jugadores. No hay mañana, un mal resultado y chao, y culminará una campaña que ha ilusionado, independiente de los inconformes de la primera fila que volvieron enarbolando banderas.

Ha sido un semestre complicado. Los barristas exhibieron de nuevo la pancarta exigiendo título como si hubiese plantilla para ello. Miren el banco del Junior y por lo menos cinco de ellos serían titulares acá, aunque no se puede descartar. La esperanza es lo último que se pierde y a ello se tienen que aferrar los hinchas de verdad.

Hasta la próxima...