08 May, 2026

Naguib Mahfuz, literatura y valentía

La lectura de Mahfuz es un ejercicio de elegancia humana, vital, auténtica, pedagógica; un caminar tranquilo y con pinceladas de sonrisas por sus escenarios. 

Este escritor egipcio, Premio Nobel, suscita mi admiración y simpatía por varias razones.
Padeció persecución por algunos de sus escritos. Por su suave ironía, de la cual ni siquiera se salvaron con su muerte algunos del gobierno: “Dios te hizo el favor de llevarte de este mundo… donde solo dejaste un par de estatuas en tu honor”. Igual se refirió a sus amistades, en expresión quizás valedera para todos nosotros. En un reportaje anotó: retrato a mis amigos en mis novelas, pero cuando ellos se leen, ninguno se reconoce. Eso me indica que solo la ficción es sincera.
No puedo opinar a fondo sobre sus libros porque publicó más de setenta. Y a poco me alcanza -como diría un mexicano- tan extendida escritura. Pero sí me permito entresacar algunos de sus pensamientos, porque Mahfuz es un escritor que dice, que contiene, a veces incluso aforístico acertado. Creemos, dice, elegir nuestro destino, cuando en realidad elegimos solo ilusiones. El miedo no evita la muerte, pero sí evita la vida. Para llegar a sabios, lo primero es dejar de estar seguros. Cuando ya no se cree en Dios, se cree en cualquier cosa. Como ya estamos huérfanos de la revelación, no nos queda más remedio que mendigar. El amor no es suficiente; hay que atender con cierta intensidad ciertos otros asuntos para poder vivir tranquilos. Solo se les reconoce la dignidad a los jugadores de fútbol.
Y sabía burlarse de él mismo: mi actividad de escritor se abolió al mismo tiempo que la prostitución… me quedé sin argumentos. Una clara exageración frente a sus setenta volúmenes.
Padeció persecución por sus escritos. El Gobierno de Nasser le fue implacable, prohibió varios de sus libros, lo hostigó con su policía y sus jueces. Por su irreverencia con ciertos personalidades del Islam, recibió condena de autoridad religiosa y fue objeto de atentado, dos puñaladas, una en el cuello y otra en tórax. Quedó casi ciego, pero, valiente -y por eso merece también admiración- continuó imperturbable, con coraje sereno insistiendo en sus opiniones. Y sin aspavientos, no hizo de ese intento el papel de víctima. Siempre discreto.
De la lectura de Mahfuz puedo decir que, si bien hay obras de ficción que solo causan placer, las suyas generan, además, inquietudes, meditaciones, preguntas a la vida. Sus protagonistas despiertan tanta simpatía que se nos introducen en nuestra vida. Cercanos, nos enseñan, como si nos hablaran directamente.
La lectura de Mahfuz es un ejercicio de elegancia humana, vital, auténtica, pedagógica; un caminar tranquilo y con pinceladas de sonrisas por sus escenarios. Prosa sencilla y elegante a la vez, con espigas de poesía de cuando en cuando. Y con frases profundas de filosofía natural para un ejercicio más amable de nuestras vidas.
Y para inducir a su lectura, insisto una vez más en relatarlo. Poesía en prosa. He aquí a “Miramar”, en su comienzo: “Alejandría, gota de rocío, erupción de blancas nubes, diana de los rayos del sol que el agua del cielo ha limpiado… Corazón de los recuerdos impregnados de miel y lágrimas”.