Se conoció la nota definitiva o la calificación o, mejor dicho, la cifra de crecimiento de la economía colombiana en el 2025. Y aunque los sentimientos encontrados fueron muchos, tanto en el Gobierno como en los sectores económicos, lo cierto es que se trata de un crecimiento por debajo del rango que esperaban buena parte de los analistas económicos, centros de pensamiento e incluso la academia, que lo pronosticaban entre 2,8% y 3%.
A pesar de ello, muchos defensores del Gobierno salieron a decir que la economía logró sortear los pronósticos más pesimistas; incluso desde la Presidencia de la República se defendió asiduamente la cifra. Pero más allá de defensores o contradictores, la realidad es que una nota de “2,6” resiste un amplio análisis. Aquí algunas pinceladas.
En primer lugar, y aunque las comparaciones son odiosas, conviene mirar el contexto internacional. Y qué mejor que compararnos con los vecinos regionales. Perú creció 3,4% y México 0,7%. Y se espera que Brasil haya crecido 2,4%, Chile 2,5% y Argentina 2,6%. Es decir, estamos dentro de un exiguo, ¿o flojo?, rango promedio con nuestros pares latinoamericanos.
En segundo lugar, y por el lado de las actividades económicas, conviene saber que la cifra de 2,6%, corresponde a la sumatoria de los resultados de todos los sectores económicos en el 2025, así como al peso de cada uno de ellos dentro de la economía. De allí la importancia de desglosar dicha cifra para entender su magnitud. Y en efecto, al hacerlo, encontramos contrastes agridulces como la caída del sector petrolero y minero (-6,2%) y el desplome de la construcción (-2,8%).
Pero también, cómo no, algunas cifras para destacar, como el caso de la agricultura y la ganadería, que crecieron 3,1%. Así mismo, algunos sectores que crecieron a ‘buen ritmo’, como el financiero (2,8%), el comercio (4,6%) y el de cultura y entretenimiento (9,9%). Y particular mención para la administración pública (especialmente del Gobierno nacional) que creció 4,5%, jalonada por las contrataciones de personal y los proyectos en víspera electoral, hecho que contrastó con el desmesurado incremento de la deuda pública y la gravísima situación de las finanzas públicas nacionales.
Y en tercer lugar, las cifras demuestran que el crecimiento se sustentó, básicamente, en el gasto público y en el consumo de los hogares y no en una mayor inversión productiva que, entre otras cosas, cada vez pesa menos dentro del PIB. La economía colombiana creció menos de lo esperado en el 2025, lo que denota un enfriamiento de la economía y del aparato productivo.
En fin, la realidad es que estamos frente a una cifra ‘floja’ de crecimiento económico. Y si un país quiere solucionar problemas estructurales, como nuestra aún elevada pobreza, debe crecer por lo menos a tasas sostenidas de entre 4% y 5%, durante varios años, sino es que décadas.
La única manera de que esto ocurra es a través de una inversión productiva vigorosa y un Estado fuerte, pero austero, en el que puedan florecer los sectores estratégicos de la economía, como los de servicios, industria, comercio, minería, construcción, entre tantos otros. Así de simple.