Economía
02 Jun, 2026

Al fin qué: ¿la economía va bien o mal?

Si me preguntan a mí, la respuesta es clara: la economía colombiana va regular, tirando a mal. Hay destellos positivos, pero insuficientes para resolver las grietas.

La respuesta a la pregunta que encabeza esta columna va a depender, paradójicamente, del interrogado. Una familia típica colombiana, cuyo jefe de hogar gana un salario mínimo de 2 millones de pesos, que recibe puntualmente remesas de su hijo que vive en España y que pudo salir de vacaciones en Semana Santa con su familia, por primera vez en muchos años, esa familia diría sin dudarlo que la economía va bien.

Pero si la pregunta se le hace a otra familia que planea comprar casa, pero no puede pagar los intereses del crédito hipotecario, que tiene deudas impagables en su tarjeta de crédito y que el vecino, que antes le prestaba plata barata, ya no confía en ella, esa familia respondería que la economía va mal.

De igual manera, un defensor del actual Gobierno respondería lo opuesto a quien cuestiona el manejo económico. Y la respuesta de un empresario constructor, sector que decrece, sería distinta a la de un empresario del sector turismo que crece sostenidamente. En todos los casos habrá argumentos en ambos sentidos. Por ello lo sensato a la hora de calificar la economía es analizar los datos disponibles. Como dice el dicho: “Dato mata relato”.

El dato más importante de todos: según el DANE, la economía colombiana creció 2,2% en el primer trimestre de este año, cifra modesta, pero positiva. Sin embargo, al analizar la tendencia de los trimestres previos, puede inferirse que los últimos cuatro años promediarán una expansión anual del PIB de apenas 1,9%, muy por debajo del crecimiento sostenible de largo plazo para Colombia (entre 2,5% y 3%), y lejos del 4% y 5% de países de la región. Más aún, será la primera vez en este siglo que Colombia crecerá por debajo del promedio de países de la OCDE.

Lo preocupante es que este crecimiento se da en un contexto adverso: caída de la inversión privada y excesivo gasto público del Gobierno nacional, este último financiado con nueva deuda pública y a tasas de interés notoriamente altas.

El dato también desnuda otra cruda realidad: la desaceleración del comercio, el transporte y el sector financiero. Pero las cifras más preocupantes vienen de otros tres sectores económicos: el agro, que cayó 1,4% anual, explicado en buena medida por la menor cosecha cafetera; y los sectores de construcción y minero-energético, que se contrajeron 5,4% y 0,1%, respectivamente.

El panorama se complica aún más con una inflación que se resiste a llegar a la meta del 3%; con un desempleo que cede, pero a costa de una mayor informalidad que ya supera el 55% de la fuerza laboral; y con unas finanzas públicas nacionales en franco deterioro. Por ello, resultan generosas, por decir lo menos, las valoraciones optimistas sobre la economía colombiana.

Así pues, si me preguntan a mí, la respuesta es clara: la economía colombiana va regular, tirando a mal. Hay destellos positivos, pero insuficientes para resolver las grietas estructurales que se han ido acumulando y que tarde o temprano habrá que resolver.