En Caldas ocurre algo curioso: las obras del Gobierno Nacional llegan, se ejecutan… y luego otro corta la cinta. Casi como si las carreteras se asfaltaran solas y las placas huella brotaran de la tierra por vocación geológica.
Tomemos algunos datos: en el 2025, mediante el mecanismo de Obras por Impuestos, se gestionaron $14.600 millones para Caldas, destinados a vías rurales, infraestructura educativa y escenarios deportivos, con impacto en municipios rurales. Recursos coordinados por la Nación, ejecutados con privados, pero que rara vez aparecen en los discursos locales como lo que son: inversión nacional.
En materia estructural, el propio Plan de Desarrollo de Caldas 2024-2027 reconoce que cerca de $497 mil millones del cuatrienio provienen de la Nación. No es un detalle menor, es casi medio billón que financia educación, salud, agua potable e infraestructura en municipios como La Dorada, Riosucio, Anserma, Aguadas y Chinchiná. Pero claro, como no llegan con pancarta de los de siempre, pasan desapercibidos.
En infraestructura vial rural, el Gobierno nacional ha canalizado recursos para vías terciarias y placas huella, especialmente en zonas cafeteras y rurales dispersas; y municipios como Supía, Marquetalia, Samaná y Pensilvania han sido beneficiarios. ¿El detalle por tramo y monto exacto? Disperso en plataformas oficiales. ¿La obra? Visible. ¿El crédito? El concejal, el diputado, el representante a la Cámara, el gobernador o el alcalde, ¿Y la nación? La desaparecen.
En reforma agraria, la Agencia Nacional de Tierras avanza en procesos de formalización y adjudicación de predios rurales en el departamento, especialmente para comunidades campesinas. Aunque Caldas no es el principal foco nacional, sí ha habido entregas y hay procesos en curso, a los que se suman la inversión complementaria: asistencia técnica y acceso a programas productivos. Aparecen los titulares, pero no hay crédito para la política pública nacional.
En vivienda los programas nacionales han seguido operando mediante subsidios y cofinanciación con municipios. Beneficiarios en cabeceras como Manizales y La Dorada, y en municipios intermedios, han accedido a soluciones de vivienda y mejoramiento habitacional. Nuevamente: recursos nacionales, ejecución compartida, crédito político: saldo en deuda.
Y aquí viene la parte interesante: buena parte de estos recursos (presuntamente) sí se ejecutan, pero su trazabilidad pública es débil. Eso permite una narrativa bastante conveniente: lo que funciona se localiza, lo que falla se nacionaliza.
En resumen, la inversión del Gobierno nacional en Caldas no solo existe, sino que sostiene sectores enteros: educación (más de $580 mil millones anuales), salud ($137 mil millones) e infraestructura (más de $100 mil millones dentro del presupuesto departamental 2025). Pero claro, como no siempre viene con foto oficial del político correcto, parece que no existiera.
Quizás el problema no es la ausencia de inversión nacional, sino el exceso de memoria selectiva. Porque en Caldas, al parecer, las obras tienen padre… pero el que no es.
Posdata: El presidente, Gustavo Petro, aclara que los logros de su Gobierno superan los 100 que circulan en redes. Lástima que no sepan promocionarlos y que en las regiones con frecuencia se los apropien, hasta sus “aliados”.