La respuesta soberbia, desvergonzada, prepotente y desalmada del ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, ante el llanto del gerente del Hospital San Rafael de Itagüí por no poder pagar la nómina de sus empleados, nos trae a la memoria la foto del dictador Maduro en una cárcel en Estados Unidos, quien hasta ayer se solazaba en bailes provocadores, discursos de odio, posiciones humillantes y mensajes prepotentes, y hoy se queja de depresión por su aislamiento y sufre las mismas condiciones de aquellos a quienes sometió a sus injusticias y abusos de poder.
Y lo evocamos, porque sabemos que en la vida todo se paga y, más temprano que tarde, tendremos la oportunidad de deleitarnos viendo cómo caen los malvados petristas que se sienten intocables y disponen de la vida de millones de colombianos víctimas de sus decisiones atrabiliarias y déspotas. Porque si bien no podemos esperar nada bueno de funcionarios que entran al Gobierno con la misión clara de oprimir al pueblo con sus actitudes vengativas, retaliativas y de inquina, sí causa escozor la desvergüenza y falta de humanidad de un funcionario que aprovecha las últimas oportunidades que le da la vida para desahogar su odio de clases y sus sentimientos miserables, afectando a camilleros, enfermeros, aseadores, vigilantes, médicos y demás “ricos” que hoy padecen física hambre por su negligencia.
Si, ministro: esos “ricos” también lloran. Como lo harán algún día quienes, como usted, se burlan de la crisis que nos ocasionan y se mofan en nuestra cara de las desgracias que provocan.
Ustedes, los oligarcas de izquierda, lo que quieren es acabar de un plumazo con los generadores de empleo, prosperidad y bienestar. Dicen odiar la riqueza, pero son los que más se lucran, disfrutan y abusan de ella. Lo que en verdad odian es que haya ricos que generen trabajo y dignidad, porque alejan al pueblo de las migajas con las que ustedes pretenden mantenerlo. Odian a los empresarios formales porque soportan la economía del país y les pone en riesgo su continuidad en el poder. ¿Será verdad tanto odio hacia los ricos, ministro, cuando ustedes, los petristas de alto vuelo, son los que más riqueza atesoran?
En este Gobierno la lista de personas indecorosas como usted es interminable. Y ya hemos visto que, a pesar de la impunidad que el Gobierno les brinda, hay varios colegas suyos encartados y ad portas de la cárcel. Ojala, ministro, usted les haga compañía muy pronto.
De corazón pedimos que, si bien la justicia terrenal es débil y manipulable, la justicia divina se encargue de castigar las humillaciones y ofensas que usted ha lanzado contra la dignidad de seres humildes e indefensos.
Quedan escasos seis meses para que este Gobierno desaparezca de la faz de la tierra y entonces, ministro, entrará usted a responder, junto con su camarilla, por las muertes ocasionadas en el famoso chu, chu, chú que ha implementado en el sistema de salud.
¡En las urnas nos veremos!