29 May, 2026
La paradoja de Uribe
Petro sería capaz de inmolarse, acabando primero con Colombia, para evitar responder ante la justicia mundial.
Álvaro Uribe Vélez ha sido víctima de una persecución incansable, tenaz, diabólica, y encarnizada de Iván Cepeda, quien solo ha tenido un objetivo político y personal en su vida: arrasar con Uribe y su entorno. En la propia campaña, vemos como lo denigra, injuria y calumnia, y como aflora el resentimiento en sus diatribas. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que Cepeda es el mayor enemigo de Uribe.
Por eso aterra que hoy, cuando las encuestas y el fervor de la gente muestran que Abelardo es el único con posibilidades de vencer a Cepeda, Uribe insista en orientar los votos de derecha hacia su candidata, y salvar al heredero. El “papá” de Paloma es demasiado inteligente como para no saber que en estos momentos un voto por su candidata, es un voto a favor de Cepeda; demasiado visionario como para negar que el país necesita derrotar el comunismo, y que Paloma ya no es capaz.
Pero aún así, insiste en debilitar a la oposición, tal vez motivado por su ego y dolor. Y es entendible después de tanta persecución e ignominia. Pero esos sentimientos no pueden llevarnos a alargar esta tortura política, porque se le estaría dando un oxígeno al petrismo, lo que significa un riesgo para nuestra estabilidad. Porque 20 días más de campaña en un Gobierno sin escrúpulos y con posibilidades de desfigurar la democracia para apoltronarse en el poder, son 20 días mortales en los que nadie sabe qué pueda pasar. El ego, el dolor, y la rabia no pueden llevar a que Uribe tal vez termine su vida política en medio del mayor remordimiento patriótico: no haber depuesto sus sentimientos personales para salvar la debacle del país.
Paloma y Uribe la apostaron legítimamente a un triunfo, y perdieron. Y como no ceden, son los electores los que tienen que sobreponerse a la indignación personal de sus líderes y salir a votar por Colombia, por su gente, por sus hijos, por su familia y por las próximas generaciones. Salir a derrotar, en primera vuelta, y de una vez por todas al enemigo de Uribe, que es un cáncer para Colombia.
La caterva de delincuentes petristas sabe que su futuro es desastroso en un gobierno de Abelardo. Sabe que su libertad acabará con un presidente serio y respetuoso de la institucionalidad. Y Petro sería capaz de inmolarse, acabando primero con Colombia, para evitar responder ante la justicia mundial. Estoy seguro de que el sátrapa, al igual que Escobar, prefiere una tumba en Colombia, a una cárcel en EE. UU.
Así pues, que el que vota en primera por Paloma, esperando votar en segunda por Abelardo, le esta haciendo un daño infinito al país. Una segunda vuelta es un respiro zurdo que puede ser demoledor por la violencia de las tropas urbanas que el propio petrismo ha venido conformando, azuzando y alimentando.
Lo de Uribe, entonces, es la mayor paradoja: va a terminar su vida política dándole oxígeno a su archienemigo, para que acabe a su vez con él y con el país. ¡Triste final!