“Si el progresismo pierde las elecciones, a mi me van a perseguir”, dice Gustavo Petro tratando de mostrarse como una pobre víctima de quienes pretendemos arrasar con esta anarquía y volver a instaurar el respeto por la legalidad y la Constitución. ¡Y claro que lo van a perseguir! Al igual que a todos los bandidos de este país que hoy andan haciendo alarde de su poder y de la impunidad que el Gobierno les brinda; y a los terroristas y narcotraficantes; y a los corruptos y saqueadores del Estado; y a los vándalos que destruyen el espacio público; y a los atracadores y ratas que amenazan a nuestros hijos camino al estudio; y a las tropas guerrilleras rurales, urbanas y universitarias; y a todos aquellos que hoy se pavonean por el territorio nacional atentando contra el orden y los derechos de la gente buena.
Hace cuatro años el estribillo que implementaron los petristas para victimizarse, después de haber destruido medio país, fue: “Nos están matando”. Y así se hicieron con el poder, que solo ha servido para enriquecer la escoria zurda que acudió al erario como carroñera, y carcomió el presupuesto de una manera descarada y cínica. Y también se hicieron con la justicia, las Cortes, la Fiscalía, la Procuraduría, el Congreso y con todas las instituciones estatales, y ostentan un poder omnímodo mediante el cual nos amenazan, acorralan, destruyen y asesinan.
Porque hoy a nosotros sí nos están matando. Y el Gobierno observa, complacido, la labor de sus encomendados. Y aunque extremar medidas de protección es cobardía para Paloma, es indignante ver cómo a su propio jefe le violentan la casa y le cercan su familia.
¿Será cobardía de Álvaro Uribe, entonces, andar tan escoltado? ¿Preferiría Paloma Valencia que su jefe anduviera las calles sin su esquema de seguridad (uno de los más robustos del país), para apreciarlo como falto de cobardía? Uno no puede ser tan irresponsable, Paloma. Este desespero desdice demasiado de una líder que se la ha jugado por el país durante mucho tiempo. ¡Que amarga decepción!
A Paloma hay que reconocerle su valentía, temple, carácter y sus posiciones verticales en contra del Gobierno Petro y del terrorismo que nos asuela. Pero entonces, ¿esta nueva Paloma de dónde sale? ¿Qué la está afectando para que asuma posiciones tan desnaturalizadas e infames? ¿Pudo tanto Oviedo y corrompió tanto sus principios como para derrumbar la admirable luchadora y terminar entregándose a los enemigos de Colombia? ¡Es una lástima!
Y en el fondo Petro y la caterva de aliados que han dicho que el triunfo de Abelardo significaría su destierro, tienen razón. Porque huir, como ya lo hacen algunos de ellos, será la única forma de mantenerse impunes y libres. Y es a eso, precisamente, a lo que temen.
Y es por eso, precisamente, por lo que necesitamos arrasar en primera vuelta. Tal vez en veinte días más de esta guerra infame, no haya país para gobernar. O no alcancemos a verlo porque, de verdad, ¡nos están matando…!