Cultura
06 Jun, 2026

Hablemos de Libros: La guerra abre zanjas a su paso hasta con los compadres

Plantea una pregunta poderosa extraída como conclusión de la lectura del texto: ¿Quién es el culpable de todo esto? Y copia la respuesta del libro: todos.

Fernando-Alonso Ramírez
Fernando-Alonso Ramírez

Periodista y abogado, con 30 años de experiencia en La Patria, donde se desempeña como director. Presidió el Consejo Directivo de la Fundación para la Libertad de Prensa en Colombia (Flip). Profesor universitario. Autor del libro Cogito, ergo ¡Pum! Correo: director@lapatria.com X (Twitter): @fernalonso

“La grieta que esta guerra nos dejó no habrá cómo cerrarla”. Esta frase de Juan Camillo Gallego Castro en su libro periodístico La grieta, resume buena parte del mensaje que quiere dejar en los lectores tras contar la historia de dos personajes que de ser amigos, terminaron por convertirse en el origen de un conflicto que aún causa estragos en el Magdalena Medio. Se odiaron hasta la muerte y hasta la reconciliación.

La historia contada por este periodista, egresado de esa maravillosa escuela por la memoria que es la Universidad de Antioquia, se remonta a la amistad entre el joven parrandero Ramón Isaza y el igualmente joven Manuel Buitrago, pater familias de una descendencia que se convertiría en origen del frente del Ejército de Liberación Nacional Carlos Alirio Buitrago, que se inició denominándose Proyecto.

Un dato que aprendí con este libro, Carlos Alirio no era una persona, eran dos, y sus muertes dieron nombre al agresivo frente de guerra eleno.

El libro también habla del utilitarismo de ciertos sectores institucionales o, mejor, de ciertos personajes que decían representar esos sectores para atizar el fuego del conflicto que terminó por desmadrar las cosas en un territorio rico, pero también que se tornó en sinónimo de violencia.

El sacerdote Bernardo empezó con un grupo de catequistas a supuestamente evangelizar en la región, pero con el tiempo se descubrió que lo que formaba era a los jóvenes en doctrina marxista, sembraba las ideas de la lucha de clases y empoderaba a los supuestos catequistas como quienes iban a ser los encargados de generar la revolución.

Todos los acontecimientos se precipitaron en veredas que conocemos hoy como Puerto Triunfo (Antioquia), pero que terminó por incidir en todos los territorios aledaños, en ese conjunto de departamentos que es el Magdalena Medio.

Para quienes han visto las películas o series que se han hechos sobre los McCoy y los Hatdfiel a finales del siglo XIX entre Virginia y Kentucky, que por poco lleva a una nueva guerra civil en los Estados Unidos, no podrán negarse a las similitudes de esa historia con la nacional.

Dos compadres que compartían parranda, trabajo y valores terminan por ser enemigos acérrimos y dejando un rosario de muertos en ambas familias. Su historia de vida retrata buena parte de lo que es el conflicto colombiano, supuestamente dado entre ideologías diferentes, pero que al final son los mismos muertos campesinos, vecinos y empobrecidos.

Los problemas de linderos, de vecindad, de servidumbres, de incomprensión de las nuevas ideas de otras generaciones terminan por desbordar un conflicto. 

El gran cronista colombiano que es Juan José Hoyos dice en la solapa de este libro de la editorial Sílaba que está escrito con verdad, con hondura y con compasión y celebra con alegría que pueda ser leído por muchos.

Mientras que Francisco de Roux plantea una pregunta poderosa extraída como conclusión de la lectura del texto: ¿Quién es el culpable de todo esto? Y copia la respuesta del libro: todos.

Plantea que se trata de la historia, no de la guerra, sino de dos familias envueltas por ella y por las fronteras que creamos los seres humanos, físicas o morales, pero que en todo caso abren grietas para siempre. Al final del libro, una metáfora de la reconciliación. Los envejecidos guerreros se funden en un abrazo, pero es mucha la sangre derramada previamente.

Un libro que vale la pena leerse para entender mejor este conflicto nuestro y por qué tenemos que buscar puntos de reconciliación. Para mi gusto, el periodista pudo tomar más distancia, pero estas maneras son las que se estilan hoy, así que seguramente ustedes lo valorarán aun mejor que yo. Hablemos de libros y de la guerra que tanto dolor deja en nuestro país.

Subrayados

  • ...porque quedamos en la caridad -lo dice con un lamento, como diciendo que no lo culpe por tener una familia de guerrilleros.

  • Se convertirían en los amos y señores del Magdalena Medio. Pasó a controlar los municipios de Puerto Triunfo, Puerto Nare, parte de Sonsón, el oriente del departamento de Caldas.

  • Se necesitaban para odiarse, para legitimar su lucha, para perpetuar ese grito herido que manaba sangre por sus bocas.

  • Ramón tenía la certeza de que toda la familia era guerrillera. Manuel tenía la certeza de que era un campesino que lideraba una comunidad cristiana que organizó el padre Bernardo.