Fernando-Alonso Ramírez
Periodista y abogado, con 30 años de experiencia en La Patria, donde se desempeña como director. Presidió el Consejo Directivo de la Fundación para la Libertad de Prensa en Colombia (Flip). Profesor universitario. Autor del libro Cogito, ergo ¡Pum!
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Al terminar la lectura de Volver a ser Elda, el testimonio de Elda Neyis Muñoz Mosquera, más conocida por su alias, Karina, queda claro que la escritura de este fue una forma de sanación para la autora. Para alguien que motu propio decidió abandonar las armas y la organización a la que estuvo vinculada por más de dos décadas y haberlo hecho mucho antes del proceso de paz, le ha granjeado todo tipo de contrariedades y de reflexiones.
Es el testimonio en primera persona de esta mujer que fue de las combatientes más temidas en el país, incluido Caldas, donde finalmente se entregó y da su versión de hechos que siguen siendo parte de lo que le amplió su fama de cruel, o como ella misma lo señala: de monstruo.
Un viejo comandante del Batallón Ayacucho contaba hace algunos años cómo en tiempos de la Seguridad Democrática recibía una llamada, por ejemplo, un domingo a las 6:00 de la mañana y era el propio presidente de la República de entonces, Álvaro Uribe Vélez, quien de una le preguntaba:
- Coronel, qué hay de Elda Neyis.
- De quién, señor presidente.
- Pues de Karina.
Es la muestra de la presión que ejercía Uribe sobre los altos mandos para lograr resultados contra los grupos armados, porque la apuesta de la Seguridad Democrática empezó en estas montañas entre el suroriente antioqueño y Caldas, en lo que alguna vez denominé: la otra zona de despeje, porque con cada toma guerrillera, se quitaba la autoridad que hubiera en esos lugares.
Para quienes no tienen claro qué pasó en Caldas, hay que recordar que aquí tuvimos los frentes 47 y noveno de las Farc, así como el Bloque José María Córdoba; el Epl; el Eln, al que pertenecían los Bolcheviques y el Marta Elena Barón; las Autodefensas del Magdalena Medio y el Frente Cacique Pipintá. Todos al mismo tiempo, entre los años 90 y comienzos de este siglo.
La historia de la autora es la de miles de combatientes que desde niños decidieron ir a la guerra para superar problemas y con la idea segura de que lo hacían por un futuro mejor, pero en el camino se van dando cuenta de la crueldad de esa vida, de que las diferencias sociales también existen hasta entre quienes dicen combatir por la igualdad y del machismo imperante en una ejército como las Farc. Ella empezó adolescente y su padre le pidió solo una cosa, que fuera una buena guerrillera. ¡Por Dios!
Testimonio
A medida que se avanza en las páginas vamos descubriendo cómo se va dando el proceso de Karina, de ser una guerrillera rasa a llegar a comandante de frente y, también, cómo las dudas empiezan a hacer mella en su convicción guerrillera.
El libro es un testimonio, aunque se lo ayudó a escribir el investigador de violencias en Colombia Gustavo Duncan, quien firma como coautor, al guiar a Elda Neyis para convertir su relato en las páginas que ahora los lectores pueden tener.
No es fácil para quienes tenemos familia en el oriente de Caldas leer con distancia este libro, porque ahí aparecen nombradas cada una de las atrocidades que dejaron un reguero de víctimas en todo el territorio caldense y principalmente en esa zona.
Sin embargo, creo necesario, no solo en mi función de periodista, sino como colombiano que debió ver de cerca la guerra, entender las razones, si es que se pueden llamar así, de quienes decidieron hacer tanto daño.
Falta verificación
Sin embargo, este libro si hubiera sido escrito por un periodista tendría mucho más fuerza porque seguramente habría verificado datos, contrastado hechos y contrapreguntado lo necesario. Y eso no sucede en el estilo testimonial. Le corresponderá a cada uno cruzar este testimonio con el que han dado otros, porque aquí Elda Neyis insiste en que el mito de Karina fue una creación de Álvaro Uribe y que en muchas de las acciones que se le atribuyen no participó o no fueron ciertas, porque o no tenía el mando, como la toma de Nariño (Antioquia) o que son exageraciones, como la de que ordenaba castraciones y violaciones o que jugó fútbol con cabezas de policías.
No obstante, sí confiesa cantidad de crímenes, por los que pagó, de acuerdo con su desmovilización y Justicia y Paz, y cuenta también el proceso de sanación y de perdón pedido a decenas de víctimas con lo que busca reencontrar el amor de su hija, el motivo principal para abandonar la guerrilla.
Es también leer que cuando el Ejército quiere, puede tener la iniciativa y combatir a la guerrilla con determinación, la que permitió desmantelar el Frente 47, y ver cómo los límites entre Antioquia y Caldas se convirtieron en el laboratorio para la recuperación de la seguridad en el centro del país. Se demostró que era posible.
Se lo dedica a su hija y a su familia, también a Dios, y en el medio, a sus víctimas: “Con profundo respeto y amor, les pido perdón por tanto sufrimiento y dolor en la guerra. Mi más sincero reconocimiento por su fortaleza y resiliencia". Ya será tarea de las víctimas si se lo conceden o no. Ese también es su derecho.
Subrayados
- La guerra se degradaba, no era un asunto ideológico, sino personal (...). La causa era matar a las personas que mataban a los tuyos.
- El plan era que el frente 47 hiciera presencia en el departamento de Caldas, los municipios del suroriente antioqueño y la ciudad de Manizales.
- A uno lo preparaban para las acciones más brutales y sanguinarias. Uno se deshumanizaba, creía que estaba haciendo lo correcto cuando seguía las directrices de las Farc.
- Las selvas colombianas se han tragado una cantidad inimaginable de cadáveres, no a todos se los llevaron los ríos.
- A las familias de los guerrilleros muertos las Farc nunca les pagaron una indemnización. Se trataba por todos los medios de que las familias no se enteraran si un guerrillero moría.
- ...en vez de hablar con la población, atender sus súplicas y reparar en algo el desastre que causamos, la escuadra se puso a tomar trago y hacer desórdenes. Fue humillante con los habitantes de Arboleda.
- Si no éramos iguales en la guerrilla, ¿íbamos a ser iguales cuando nos tomáramos el poder?
- Quienes me llevaron a perder la fe en la causa fueron más las propias Farc y sus comandantes que el Ejército.
Reproducción | LA PATRIA
Volver a ser Elda, el testimonio de alias Karina. De editorial Debate.