11 Jun, 2026

Abuso sexual, traumas ocultos

HABÍA UNA VEZ

Fanny Bernal Orozco * liberia53@hotmail.com

A veces en asesorías o consultas psicológicas a personas adultas, surgen historias de dolor que se han quedado guardadas en la memoria de estos seres; escenas que emergen desde muy adentro y que, al narrarlas, después del tiempo, siguen siendo dolorosas, frustrantes y devastadoras.

El abuso sexual en Colombia -un asunto que es noticia diaria-, es un acto de violencia que origina diversos síntomas que afectan la salud mental y física de cualquier ser humano, menores, adolescentes y adultos son víctimas de estas prácticas de violencia.

Hay victimas que nunca llegan a denunciar, por miedo, pena, o porque son amenazadas por su misma familia, en la cual la “conspiración del silencio”, se repite con frecuencia, con tal de no evidenciar hechos que según algunos familiares deben quedarse olvidados y enterrados, sin pensar en el daño y el sufrimiento de la persona abusada.

Una dama de 65 años, que busca apoyo por la muerte de su esposo, relató: -Hoy no quiero hablar de mi esposo, quiero contar algo que mi padre hacia conmigo, desde que yo tenía siete años, hasta que me volé de la casa a los quince años.

Dijo además que ella siempre vivía con miedo y que había buscado ayuda para su ansiedad, pero jamás había narrado el abuso, sentía mucha rabia y vergüenza y que ningún profesional le había preguntado si cuando era pequeña, tuvo que vivir alguna historia que le hiciera detonar dicha ansiedad.

En el libro, El cuerpo lleva la cuenta, el Dr. Bessel Van Der Kolk afirma: “Hemos aprendido que el trauma no es solo un acontecimiento que tuvo lugar en algún momento del pasado; es también la huella que deja esa experiencia en la mente, el cerebro y el cuerpo. Esta huella tiene consecuencias permanentes sobre la forma en que el organismo humano consigue sobrevivir en el presente".

Estos traumas pueden originar efectos duraderos en cualquier persona y sus afectaciones son físicas, mentales, emocionales, lo que significa que hay que prestar atención, buscar ayuda y cuidarse, de manera especial, fundamentalmente cuando los síntomas se asocian a depresión, ansiedad, uso de alcohol o drogas, trastornos alimenticios o de sueño, vergüenza, sensación de suciedad, ataques de pánico, autolesiones o ideación suicida.

Los casos de abuso sexual sufridos en la niñez y contados por las personas ya adultas, se viven en silencio y en sufrimiento. Con esfuerzo y coraje, tratan de asumir una vida en aparente calma a pesar de que estos síntomas afectan el día a día en la autoestima, en las relaciones con otras personas, con las parejas, en el mundo laboral o académico, en fin, es una espiral de repercusiones que quebrantan y lastiman.

Estos sucesos pueden condicionar la vida de una persona, en especial si tiene que guardar el secreto del abuso, porque el agresor fue su padre, un tío, el abuelo, hermano, padrastro, o una mujer cuidadora cercana a la familia. Sin embargo, se hace necesario hablar de lo sucedido, para así poder rebajar las afectaciones del trauma, los pensamientos irracionales y los recuerdos intrusivos; así como buscar ayuda y dejarse ayudar; el abuso no se sana solo y menos si los traumas siguen ocultos.

* Psicóloga - Docente titular de la Universidad de Manizales. www.fannybernalorozco.com


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