12 May, 2026

Once Caldas: no todo está dicho

Viaja el Once a Barranquilla, en desventaja. Pero debe tomar la caída como un impulso. Cambio y resiliencia.

Las prisas condenaron al Once Caldas ante Junior. Dominó la pelota, pero su ataque fue caótico. Elaboró jugadas ofensivas, las tejió con paciencia, pero no supo terminarlas. 

Las secuencias de pases fueron frecuentes, pacientes, de un lado a otro, pero la aceleración de los últimos tramos hizo el toque-toque inefectivo. 

El ídolo, Dayro, estaba en otros mundos, en otras tareas, distintas a las que siempre lo identifican como máximo goleador. En ausencia de los “10” habituales, Sánchez y Roa, sin su fútbol esta vez, quiso ser armador.

Pero desapareció su peligro ante la red. En este rol muy distinto a como lo vio el entrenador. 

El once, bajo extrema presión, dejó la piel en la cancha, sometido al vaivén nervioso del resultado. Hizo el gasto, se echó al hombro el partido, pero el anti fútbol del rival, que administró la precaria diferencia con marrullería, se hizo sentir. 

El reloj fue de Junior. El tiempo del árbitro, permisivo en infracciones e interrupciones. 

Los penales dudosos, lo pusieron en entredicho. No transmite autoridad. Juega a favor de una camiseta. Por eso la jauría de jugadores reclamando sus decisiones. 

La derrota no es un golpe demoledor o definitivo. 

Junior, desde el fútbol, no fue superior. Carece del encanto de un aspirante a campeón. Pero cosas se ven, así es este juego, cuando premia a los débiles y desactiva los méritos. 

Siempre se ha dicho que el Once Caldas, cuando es fértil la asociación, juega espontáneo, alegre y recursivo. 

El fútbol, dirán muchos, no es de cuadrados mágicos, de trigonometría, de segundas jugadas, el tercer hombre o principios de divina propensión, como está escrito en la última nomenclatura. 

Neologismos que enredan.

El fútbol es arte, es estética, es camino y es triunfo. Nada mas.

Viaja el Once a Barranquilla, en desventaja. Pero debe tomar la caída como un impulso. Cambio y resiliencia. Bajar la cabeza es cobardía, es resignación. 

No todo está dicho y hay partido por jugar y fútbol por mostrar. El carro patinó y se atascó, pero no se varó. Vuelve a funcionar. 

PD: Consternada mi alma por el fallecimiento de Carlos Ernesto González, “Caregon” o “Fierabras”, para sus amigos. Con estos seudónimos firmaba.

Un señor a carta cabal. Personaje entre personajes, con nombre y vida propios.

Para más señas, periodista de radio, prensa y televisión. Ejecutivo oficial, dirigente deportivo, profesor, gestor cultural, padre ejemplar de cinco hijos y uno de los 15 hermanos de Álvaro González Alzate.

Recibí de sus manos mi primer micrófono en Todelar y su máquina de escribir en LA PATRIA, donde lo reemplacé, en la redacción deportiva. Buen viaje maestro. Tanto para decir. Tanto para recordar.