19 May, 2026

Once Caldas: ¿El teatro de los imposibles?

Su continuidad la garantizan desde holocausto. Mientras dure la hostilidad seguirá en su cargo.

Una caída no es una tragedia.

Ya pasó. Fastidia, pero no es el final del fútbol ni la hora de los llantos o las lamentaciones.
Basta, eso sí, de excusas... De relativizar la derrota. De justificarla. De señalar a los árbitros, los viajes o la dinámica del torneo, como factores negativos en la campaña.

Al Once no le alcanzó porque tuvo debilidades en su fútbol, con irregularidad de sus intérpretes, como Zapata, Zuleta, Riquett y Patiño, quien regresó de su fracaso en Uruguay, en estado de forma deplorable. Fiasco, el suyo.

El Blanco se atascó en el fango de las suspicacias y las concesiones disciplinarias. 
Dayro, ensalzado hasta el delirio, expuesto como única solución a pesar de su evidente decadencia. Tambaleó su liderazgo. Se creyó el dueño del balón y vio a sus compañeros como sus súbditos.

Los desaciertos en los fichajes trastocaron los planes. Llegaron fuera de nivel, con exceso de peso y jugaron pocos partidos con desaciertos, amparados por los entrenadores.
La farándula, las parrandas, la exposición pública y las adulaciones injustificadas, afectaron el rendimiento.
El equipo contó con jugadores para todos los puestos, salvo en la defensa. Equilibrado en la nómina inicial, pero desbalanceado en rendimiento por la falta de versatilidad en los sistemas y los esquemas. No todos los partidos o los rivales son iguales.
Hubo futbolistas que encontraron el balón como instrumento para la alegría, como Niche, Roa, Pipe y Cuesta. Otros, que vieron el juego como el camino al desengaño. Poco aportaron para solucionarlo.

Robert y Parra, los mejores. El primero porque llegó siempre a las jugadas, con su inmenso corazón en la cancha. El segundo por sus manos, sus pies, su arrojo, a pesar de su inmadurez y su prepotencia.

No es el momento para un ajuste de cuentas. Preferible es cambiar el panorama y frenar la creciente onda negativa que produce el desencanto, con visión aguda frente a las necesidades. Con la sincera aceptación de los errores cometidos. 
El objetivo estuvo tan cerca. 

Se habló siempre de la necesidad de zagueros con categoría. Es hora de contratar dos de ellos, en Colombia o el exterior, aunque valorado es el esfuerzo de Castaño. Tiene sentido de pertenencia. Y el de Cardona, a pesar del bancazo inexplicable. 
De reforzar la banda izquierda defensiva, de hallar una alternativa para Dayro, con dos extremos punzantes para sumarle agresividad y efectividad al ataque.

¿Le llegó la hora al Arriero Herrera? 
Su continuidad la garantizan desde holocausto. Mientras dure la hostilidad seguirá en su cargo.

Responsable en muchos patinazos del equipo, también tiene su aporte positivo. Son más los aciertos. Negarlo es injusto. Pero debe aprender a asimilar las críticas y no atizar los conflictos.