Esto escribió el hermano Andrés Hurtado García: “Las tres cordilleras ofrecen innumerables rincones todavía intocados por la presencia humana o por la avaricia...” (LA PATRIA, 13/2/2026). Un lector considera que, en este caso, no es ‘avaricia’, sino ‘codicia’. Aunque son términos sinónimos, y ambos, de ‘ambición’, tienen diferencias notables, ya que la ‘avaricia’ (del latín ‘avaritia-æ’ ‘-avidez’) es la ‘ambición malsana de acumular riquezas sólo por poseerlas’. Por esto dijo Cicerón: “Avaritiam si tollere vultis, mater ejus est tollenda luxuries” (‘Si queréis suprimir la avaricia, suprimid el lujo que es su fuente’). La ‘codicia’ (del latín ‘cupiditas-atis’, ‘deseo, envidia, afán, apetito’), por su parte, aunque es también la ambición malsana de acumular riquezas, puede ser también el deseo de adquirir otras clases de bienes –materiales o espirituales– para beneficio propio o para una comunidad. Así lo expresó el mismo Cicerón: “Cupiditas insaciabilis veri videndi” -‘Deseo insaciable de conocer la verdad’). El ‘avaro’ es ciento por ciento egoísta. El ‘codicioso’ puede ser altruista. De acuerdo con estas nociones, el lector decidirá si el hermano Andrés tiene razón o no. Me inclino por ‘codicia’.
Nota: los textos latinos fueron tomados del Diccionario Latino-Español, de Agustín Blánquez Fraile.
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El original columnista de El Tiempo Noé Ochoa empezó su artículo así: “Eso de que estamos ‘con el agua al cuello’, es una realidad de a puño, como decía Pambelé” (14/2/2026). Es más común oír o leer ‘es una verdad de a puño’, tergiversación del viejísimo dicho ‘como un puño’ (‘pugni instar’, en latín), pues ya era de uso corriente en el siglo XVIII, como lo comprueba esta explicación que de él da el filólogo don Vicente Salvá, de ese siglo, y que transcribo en mi libro ‘Viejos, añosos y añejos dichos y refranes del castellano’: “Locución con que se pondera que una cosa es muy grande entre las que regularmente son pequeñas; o al contrario, que es muy pequeña entre las que debían ser grandes; y así se dice: un huevo como un puño, un aposento como un puño. En el primer sentido se dice traslaticiamente de las cosas inmateriales, como ‘mentira como un puño’ ”. O la verdad.
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El castellano, como cualquier idioma, tiene todos los medios que se necesitan para una redacción adecuada y comprensible, aunque se trate de una frase corta. Por esto, es inexplicable la redacción que aparece en un pie de foto de LA PATRIA que dice que esa circunstancia "puede llegar a generar tráfico" (8/2/2026). En ella, faltan los complementos que la hacen entendible, como bien lo anota un lector: “Debe ser ‘lo que puede llegar a generar caos de tráfico’, o ‘lo que puede generar caos de tráfico’ ”. En cambio, en otras informaciones agregan palabras inútiles, como cuando dicen, por ejemplo, que ‘los ladrones huyeron en un vehículo tipo taxi’, o ‘lo hirió con un arma corta, tipo puñal’. Costumbre que se está volviendo plaga.
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En su columna de El Tiempo, el doctor Alfonso Gómez Méndez escribió: “Nadie va a ser tan ingenuo de creer que al Presidente lo va a investigar por eso la ‘temible’ Comisión de Acusación” (18/2/2026). “...al presidente”, porque las palabras ‘papa, emperador, rey, príncipe, presidente, senador, congresista’, etc. son nombres comunes, que deben escribirse con minúscula inicial, a no ser que se trate de lo que la Academia de la Lengua llama ‘mayúscula de relevancia’, cuya aplicación, me parece, puede ser muy subjetiva, como escribir ‘el Papa’. Son también nombres comunes los términos legales ‘ley, decreto, artículo’, que muchos escriben con mayúscula inicial. Lo cierto es que en esto hay anarquía.