El ‘que galicado’ es el empleo de la partícula ‘que’ contrapuesta al verbo ser, especialmente en oraciones que tienen complementos de tiempo, lugar y modo, en las que esa partícula se convierte en reemplazo de los adverbios ‘cuando, donde’ y ‘como’. Los siguientes ejemplos ilustran lo dicho: 1) ‘Fue el 20 de julio de 1810 que Colombia logró su independencia’. Correctamente, ‘...cuando Colombia...’ (complemento de tiempo). 2) ‘Es en ese sitio que se bifurca el camino’. Castizamente, ‘...donde se bifurca el camino’ (complemento de lugar). 3) ‘Es así que podemos acabar con los políticos corrompidos’. Como debe ser, ‘es así como podemos acabar...’ (complemento de modo). Otro ejemplo, del editorialista de LA PATRIA: “Cuando empieza a faltar el agua es que se cae en la cuenta de que es un recurso que todos debemos proteger” (14/3/2026). Sin el ‘que galicado’, “...es cuando se cae en la cuenta...”, no importa que se repita el adverbio, aunque esto se puede evitar dándole otro giro a la oración. Hay otras formas del ‘que galicado’, como la expresión recurrente ‘es por eso que’, no sólo gramaticalmente incorrecta, sino también redundante, pues se puede reemplazar con unas más sencillas, como ‘por eso’ o ‘por esto’, o con el circunloquio ‘es por eso por lo que’.

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El castellano tiene ‘nombres comunes’ y ‘nombres propios’. Con el ‘nombre común’ se designa en singular cada cosa de una clase de ellas: ‘banco, gato, hombre, concejal, ley’. Con el ‘nombre propio’ designamos una cosa determinada para distinguirla de las demás de su especie: ‘Francisco, Manizales, El Cairo, La Patria’. Cuando el ‘nombre común’ es complemento directo, salvo algunas excepciones, no rige la preposición ‘a’, por ejemplo, ‘fulano de tal adoptó un perro’. Los ‘nombres propios’, en cambio, cuando son el complemento directo de la oración, piden siempre esa preposición, verbigracia, ‘visité a Andrés en el hospital’. Esta norma vale, por supuesto, para los topónimos, aunque la tendencia actual sea la contraria, como lo demuestra este titular de LA PATRIA: “El Ruiz y el atardecer engalanaron Manizales” (15/3/2026). Gramaticalmente bien, “...engalanaron a Manizales”. Y suena mejor, ¿no les parece? Los nombres comunes se escriben con minúscula inicial; los ‘propios’, con mayúscula. Siempre.

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En la fotografía que ilustra la sección ‘Protagonista’ de LA PATRIA del 16 de marzo de 2026 hay dos paisanos que observan y fotografían nuestros nevados. El pie de foto dice: “Admiración causó entre quienes lograron visualizar desde diferentes puntos de Manizales la majestuosidad de los nevados...”. Mal escogido el verbo ‘visualizar’ (del latín ‘visualis-e’, ‘-relativo a la vista, visual’) para expresar esa idea. Mejor, ‘ver, observar, apreciar’. Uno puede ‘visualizar’ un objeto aun con los ojos cerrados. Y, me parece, es uno de los verbos que más practicamos, particularmente con esta acepción: “Imaginar con rasgos visibles una cosa que no se está viendo” (M. Moliner). Su acepción primera es ésta: “Hacer visible mediante aparatos lo que no lo es a simple vista” (Ibídem). También, y de la misma fuente, “representar gráficamente algo que no puede ser apreciado por la vista, como los cambios atmosféricos o el curso de la fiebre”. Sinónimo, ‘visibilizar’.

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De un editorial de LA PATRIA: “...estos esfuerzos hechos por Colombia en el relacionamiento con África” (18/3/2026). El ‘sesquipedalismo’ (del adjetivo latino ‘sesquipedalis-e’, ‘de pie y medio, de una amplitud desmesurada’) es el ‘alargamiento innecesario de palabras, discursos, etc.’. Ejemplo, la palabra ‘relacionamiento’, bien construida, pues su desinencia significa ‘acción’, pero innecesaria, ya que la castiza ‘relación’ expresa cabalmente la idea pretendida, a saber, ‘la conexión o correspondencia de personas, instituciones y, en general, de cosas, de unas con otras’.