‘Hay’ es la tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo ‘haber’, que se emplea en oraciones impersonales que significan existencia –‘hay novedades’– y en otras que manifiestan obligación o ideas semejantes –‘hay que hacer esto’–. Y ‘¡ay!’ es una interjección con la que expresamos especialmente dolor. Seguida de la preposición ‘de’ significa ‘maldición’ (‘¡ay de los que blasfeman!’) o ‘amenaza’ (‘¡ay de mí!’ –‘¡pobre de mí!’). Son, pues, dos términos muy diferentes. Inexplicablemente, el columnista Hernando Arango Monedero utilizó el primero por el segundo en la siguiente exclamación: “Hay mi Colombia, cuánto me dueles” (Eje 21, 5/2/2026). Siguiendo las normas gramaticales y ortográficas, “¡Ay, mi Colombia, cuánto me dueles!”. Como toda interjección, ‘¡ay!’ debe estar acompañada siempre –y ‘siempre’ es ‘siempre’– por los signos de admiración, sin los cuales pierde su valor expresivo. Actualmente, son muchos los redactores que los omiten, no sé por qué (¿esnobismo?), privando a sus lectores de la sensación que esos signos producen. Un ‘huy’ no asombra tanto como un ‘¡huy!’.

***

Al columnista de LA PATRIA Fernando Alonso Ramírez se le quedó en el teclado una ‘a’, descuido que le cambió por completo el significado del verbo ‘agravar’, el apropiado en la siguiente oración: “El temor es que con la Inteligencia Artificial esto puede tender a gravarse en lugar de mejorar...” (7/2/2026). “...esto puede tender a agravarse...”, porque no es lo mismo ‘gravar’ que ‘agravar’. En efecto, el primero (del latín ‘gravare’, -‘cargar, sobrecargar, abrumar con el peso’) significa “imponer sobre una cosa una carga o contribución o cualquier clase de pago” (M. Moliner). El segundo, ‘agravar’ (del latín ‘aggravare’ –‘agravar, hacer más pesado’) quiere decir, sencillamente, ‘hacer que algo malo empeore’, una situación, por ejemplo. Y no se puede confundir el primero con ‘grabar’, ‘dibujar algo sobre una superficie con incisiones’ o ‘trasladar un sonido de su lugar original a otro, como grabar una canción’. De aquí, la importancia de la ortografía.

***

Siempre he atribuido el empleo equivocado de ‘sino’ en lugar de ‘si no’ a la pronunciación, pues son muchos los que pronuncian el primero con acento agudo (‘sinó’). En su artículo para LA PATRIA, el columnista Papá Jaime incurrió dos veces en ese error. Esto escribió: “...recuerda que sino sabes para dónde vas...” y “...porque sino actúas, tu sueño se convierte en pesadilla...” (6/2/2026). En las dos frases, obviamente, lo apropiado es la locución condicional negativa ‘si no’ (condicional ‘si’ y adverbio de negación ‘no’) –“si no sabes”, “si no actúas” –, porque se trata de las ‘condiciones’ requeridas para el fin propuesto. La conjunción adversativa ‘sino’ la usamos para contraponer algo a una proposición negativa anterior, por ejemplo, ‘no es que no queramos hacer lo que pides, sino que no nos conviene realizarlo’, ‘no es esto, sino lo otro’. Hay que anotar algo que a veces olvidamos: esa conjunción va precedida siempre de una ‘coma’. Un detalle, pero importante, como todos los detalles del lenguaje.

***

Un locutor de Radio Nacional dijo en el noticiero de la noche del lunes 9 de febrero que se iba a transmitir el consejo de ministros "en cabeza del presidente Petro". Absurdo. Quizás, ‘moderado’ o ‘dirigido por el presidente’, porque la expresión circunstancial ‘en cabeza de’ se emplea para señalar a alguien que está al mando (‘a la cabeza’) de alguna comunidad, de algún gobierno o de alguna institución, por ejemplo, ‘la Universidad de Caldas, en cabeza de su rector, decidió modificar algunos horarios’.