Hay quien dice que los milagros no existen. Pero el redactor de la sección ‘Sucesos’ de LA PATRIA da cuenta de uno al referirse al violador de la hijastra (4/3/2026), pues dice así: “Las personas que lo buscaban lo lincharon y la policía debió transportarlo a un hospital, y luego se dio su captura”. El milagro se produjo porque, después de haber sido ‘linchado’, tuvo que resucitar para que la policía lo llevara al hospital, y no a la morgue. En efecto, ‘linchar’ es “ejecutar sin proceso y tumultuosamente a un sospechoso o a un reo”. El diccionario de M. Moliner explica: “Matar las turbas a una persona; la palabra nació en los Estados Unidos con referencia a ese acto realizado contra los negros, y toma su nombre del de un magistrado, Lynch, de Carolina del Sur, s. XVII, que estableció un procedimiento sumarísimo por el cual la multitud podía apoderarse de un criminal, juzgarle, condenarle y ejecutarle en el acto”. Nota: es evidente en esta definición el ‘leísmo’, que, a pesar de ser aceptado por muchos, es un error gramatical que consiste en el uso del pronombre personal ‘le’ (complemento indirecto) como complemento directo. En la definición citada, mejor “juzgarlo, condenarlo y ejecutarlo”. El plural de ese pronombre es ‘les’, olvidado muchas veces en la construcción gramatical, como en la siguiente muestra: “Abelardo de la Espriella le habla a los votantes de Paloma Valencia” (LA PATRIA, Lucas Pombo, Trino del día, 11/3/2026). “...les habla a los votantes...”, porque el pronombre debe concordar en número con el nombre que reemplaza.

***
La concordancia gramatical es la relación lógica de las partes de la oración entre sí y de sus respectivos oficios en ella, así: el sustantivo concuerda con el adjetivo en género y número (‘casa derruida, edificios derruidos’); el verbo concuerda en número con el sujeto (‘el Congreso decidió, los congresistas decidieron’), y el pronombre con su antecedente (‘esos sujetos, de los que hablé antes, son indeseables’). En la siguiente oración, su redactor no observó la concordancia del sujeto con el verbo, porque redactó de esta manera: “Sin embargo, el experto vaticina que la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo (...) serán mejores...” (LA PATRIA, Primer plano, Jorge Gil Ángel, 7/3/2026). Castizamente, “...que la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo (...) será mejor...”, porque, evidentemente, el sujeto (‘relación’) es singular, por lo que tanto el verbo como el adjetivo tienen que expresarse en el mismo número. Elemental.

***
El término ‘aun’ (del latín ‘adhuc’, ‘-hasta ahora, hasta aquí, hasta el presente’) es una adverbio que tiene dos formas: la una, átona y monosílaba, ‘aun’, que significa ‘hasta, incluso’ (‘aun enfermo trabaja’); la otra, tónica y bisílaba, ‘aún’, que equivale a ‘todavía’ (‘aún estamos a tiempo de cambiar las cosas’). Son, por tanto, dos adverbios diferentes, no intercambiables. Coincidentemente, el mismo día y en el mismo medio de comunicación –Eje 21, 13/3/2026– dos de sus columnistas utilizaron equivocadamente la forma tónica en sus artículos. El primero, Gustavo Álvarez Gardeazábal, escribió: “Pero ni aún así aparece un líder que aglutine la cada vez más creciente protesta”. El segundo, Jorge Enrique Pava Quiceno, redactó: “Aún así, Gustavo Petro quiere tender una apestosa columna de humo sobre las elecciones presidenciales”. “Aun así...”, en ambos ejemplos, porque, como se explicó antes, significa ‘incluso’. Una tilde cambia por completo el significado de las palabras, como en ‘se’ y ‘sé’, ‘tu’ y ‘tú’, ‘cambio’ y cambió’, etcétera. De ello, su importancia.