El ‘dequeísmo’ es un vicio de lenguaje que consiste en anteponer la preposición ‘de’ a la conjunción ‘que’ en oraciones cuyo verbo principal es enunciativo, como ‘decir, jurar, anunciar’, por ejemplo, ‘digo de que...’ en lugar de ‘digo que...’. Algunos redactores, para evitarlo, por lo que yo llamo ‘miedo al dequeísmo’, omiten la preposición cuando la gramática la requiere. El titular del artículo del columnista Guido Echeverri Piedrahíta dice así: “Al despertar, Petro se dio cuenta que las instituciones estaban ahí...” (LA PATRIA, 1/31/2026). Y el columnista Luis Guillermo Buitrago termina su artículo así: “Hagámoslo sin miedo, no tengo la menor duda que vale la pena” (LA PATRIA, 4/2/2026). Como lo pide la gramática, “...se dio cuenta de que las instituciones...” y “no tengo la menor duda de que...”, porque las frases ‘las instituciones estaban ahí’ y ‘vale la pena’ son complementos circunstanciales que deben ser introducidos por una preposición, la ‘de’, en esos casos. Un método sencillo para saber cuándo se requiere la preposición consiste en cambiar el complemento por el adjetivo ‘esto’, así: ‘digo esto’, ‘Petro se dio cuenta de esto’.

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La concordancia gramatical es el fundamento de la sintaxis, que no es otra cosa que el ordenamiento y la coordinación de las palabras que componen la oración. El verbo concuerda en número con el sujeto, el adjetivo concuerda en género y número con el sustantivo, y los artículos –determinados e indeterminados– concuerdan en género y número con los respectivos sustantivos. Esto, por supuesto, se aplica a los adjetivos numerales, tanto cardinales como ordinales. Es frecuente la violación de esta norma, como en la siguiente muestra: “...que provocó además una ola migratoria que se calcula en unas ocho millones de personas que están regadas por varios países...” (LA PATRIA, editorial, 2/1/2026). En ésta, el redactor hace concordar el artículo indeterminado con el complemento ‘personas’ (femenino) en lugar de hacerlo con el sustantivo millones, que es masculino. Lo correcto, entonces, “se calcula en unos ocho millones de personas...”, como decir ‘un centenar de mujeres’ o ‘una veintena de hombres’. En pocas palabras, el complemento no influye en la concordancia.

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Siempre ha habido vicios del idioma. Recientes algunos, otros muy viejos, como el empleo equivocado del verbo ‘haber’ cuando significa existencia. Cuando es así, este verbo se conjuga únicamente en la tercera persona del singular en todos los tiempos y modos. Por esto decimos ‘¡ojalá haya buenas noticias!’, ‘hubo inundaciones en muchas regiones del país’, ‘este año habrá elecciones’. Aunque en realidad no con mucha frecuencia, hay quienes olvidan esta norma, o la desconocen. Entrevistada sobre las devueltas del costo de los pasajes en busetas, una de las respuestas de Carolina Posada Cifuentes fue la siguiente: “...si varios pasajeros cancelan al inicio de la jornada con billetes de $50.000 no van a haber devuelta” (LA PATRIA, 31/1/2026). Y nadie corrigió. Correctamente, “...no va a haber devuelta”, o como picarescamente interpretó Don Cecilio: “No van a ver la devuelta”. Así, mejor.

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Muchos lo usan, pero casi nadie correctamente. Me refiero al adjetivo ‘previo-a’ (del latín ‘prævius-a-um’ ‘-que precede, que va delante’) con el que se califica lo que antecede a algo y es su preparación. Un destacado de LA PATRIA dice: “El salón estará abierto al público, previo citas” (Balance, Herragro exhibe su galería de arte, 4/2/2026). Como es un adjetivo, “con citas previas”, o con su forma de ablativo absoluto, “previas las citas pertinentes”, sin olvidar que es un adjetivo, no un adverbio.