En mi trabajo construyendo ecosistemas, la pregunta más recurrente es: “¿Dónde está la oportunidad real? ¿Dónde innovamos?”. Mi respuesta suele sorprender porque no apunta a la última tecnología de moda, sino a un cambio demográfico inevitable. Si tuviera que poner la lupa sobre un solo nicho capaz de transformar la economía local hoy, señalaría sin dudar a la industria turística, que paradójicamente está dejando pasar una gran oportunidad por un error de cálculo: seguir diseñando el ocio desde el estereotipo de la vejez pasiva y no desde la realidad de la longevidad activa.

Los datos desmienten el prejuicio. El 53,5% de los visitantes Silver que llegan a Colombia tienen entre 50 y 59 años. Generación X activa buscando selva, caminata y conexión con el territorio. Este segmento resuelve dos dolores estructurales que desvelan a cualquier hotelero: la estacionalidad (viajan cuando otros trabajan) y la rentabilidad. Según BBVA Research, invierten USD 1.631 por viaje, priorizando la autenticidad sobre el precio bajo. Son el cliente ideal: viajan más, gastan mejor y pueden llenar la temporada “valle” de ocupación.

Colombia tiene una ventaja competitiva natural servida en bandeja. Somos el país número uno en aves (1.558 especies), el “Disney” natural que busca el turista Silver Active. Estados Unidos, nuestro principal emisor, tiene 77 millones de Baby Boomers con tiempo, salud y capacidad para movilizarse e invertir en su pasión. La demanda existe. El problema es que nuestra oferta tiene una brecha de diseño crítica.

Un dato doloroso: el 35% de los mayores de 65 años decide no viajar por “falta de motivación”. Traduzcamos esto: no es apatía, es una respuesta racional ante una industria que podrían sentir como hostil. Pienso en ejemplos de esta baja adaptación del servicio, lo que observo viene de experiencias de terceros y de la propia con mi papá, es la penalización con tarifas “individuales” por viajar solo; son apps de reserva diseñadas para otro perfil de viajeros, no brindan claridad; es asumir fragilidad donde hay vitalidad. Estamos perdiendo clientes no porque no quieran viajar, sino porque el sistema les pone barreras para disfrutar.

La oportunidad radica en lo que algunas metodologías y estrategias llaman como especialización inteligente. No basta con cumplir la norma poniendo una rampa en la entrada. Se requiere diseñar una “cadena de confort”: baños accesibles cada 90 minutos, seguridad sanitaria explícita y guías entrenados no solo en historia, sino en psicología del viajero mayor (autonomía, seguridad, respeto y ritmo). Se necesita segmentar con bisturí: una cosa es el Silver Active (aventura suave) y otra el Silver Care (asistencia y pausa). Incluso parece que la forma en la que se segmenta debe reinventarse.

El turismo genera 872.000 empleos directos y se espera 7,5 millones de visitantes para el 2026. Esa meta es matemáticamente imposible de lograr de forma rentable si seguimos ignorando a nuestro mercado más fiel. La longevidad no es el final del viaje; para el turismo colombiano, debería ser el comienzo de su temporada alta permanente.