Retomando la columna, luego de las vacaciones, la semana pasada tuve una reunión inesperada que me dio mucho en qué pensar. Conversé con Luis Guillermo Velásquez, empresario de amplia trayectoria que a sus 72 años sigue activo en juntas directivas, mentor, consultor y coach. Recorre 120 kilómetros en bicicleta dos o tres veces a la semana, lee constantemente y cocina. Pero lo que más me llamó la atención no fue su nivel de actividad -eso lo veo en muchas personas mayores con las que coincido-. Lo que me detuvo fue cuando dijo: "Me dediqué a estudiar los años". Esa frase cambió completamente la conversación.

Estudiar los años no es llevar la cuenta de cumpleaños ni hacer listas de logros pasados. Es práctica deliberada de reflexión sobre qué significa cada etapa, qué se ganó, qué se perdió, qué se transformó. Luis Guillermo lo explica así: "La vida es un tren de oportunidades con tramos. Me propuse metas grandes antes de los 65 y las cumplí. Fui más allá. Hoy estoy repotenciado, pero eso no pasó por casualidad, pasó porque entendí que los años no son para quejarnos de ellos, sino para aprender de ellos". Este ejercicio lo llevó a redefinir completamente su modelo de negocios personal. No se jubiló. Pivotó.

En esa conversación surgió otro concepto que me resonó profundamente: los años ocultos que él ubica alrededor de los 45. "Parece que los 45 son los años ocultos de la vida, nadie los quiere contratar", me dijo. Y tiene razón. La paradoja en el mercado laboral: A los jóvenes no los contratan porque no tienen experiencia y a los adultos parece que los quieren jubilar en esa edad. Entonces, ¿qué significan los años en la sociedad? ¿Son activo o lastre? La respuesta depende completamente de cómo los entendemos, los percibimos y los narramos. Por mi parte, los años los entiendo como valor, los percibo como palanca y por tanto, quiero aportar un granito de arena en el cambio de la narrativa.

También me impactó su claridad sobre desaprender. "Pasé muchos años aprendiendo y ahora es la época de desaprender para volver a aprender y a crear". Desaprender significa cuestionar los modelos mentales que funcionaron en una etapa, pero que limitan en la siguiente. Significa soltar certezas que a lo mejor se volvieron trampas. Significa reconocer que la experiencia acumulada es plataforma, no destino. Como él mismo me dijo: "El pasado es la plataforma del futuro".

Estudiar los años no debería reservarse para cuando ya tenemos 60 o 70. La vida vista por tramos nos invita a que nos detengamos periódicamente y nos preguntemos con propósito: ¿Qué aprendí? ¿Qué funcionó? ¿Qué debo soltar? ¿Qué construyo desde aquí? Este análisis estratégico permite redefinir nuestro modelo de negocios personal.

Pensando en el hoy, que tal si aprovechamos el momento de cambio de año y las expectativas que siempre nos trae, para construir nuestro siguiente tramo con intención y propósito, sea cual sea el tramo en el que estemos. ¡Qué esperas!