07 May, 2026

Gerociencia: Una ciencia nueva para un reto de siempre (y II)

Caldas ya tiene el piso construido: la Universidad de Caldas lleva años investigando el fenotipo del envejecimiento saludable en nuestra propia población.

En la columna anterior prometí explorar cómo se ve la Gerociencia en la práctica. Pero antes de llegar ahí, necesito nombrar algo que creo puede convertirse en el obstáculo más importante: la forma en que estamos contando la historia del envejecimiento. Hoy dominan dos narrativas. Y las dos pueden convertirse en trampas.

La primera puede llegar a caer en romantizar la vejez. Envejecer con propósito, con sabiduría acumulada, con libertad ganada. Todo es regalo y abundancia. Es verdad, pero incompleta. Porque envejecer también duele, también cuesta, también asusta. Y cuando solo mostramos esa cara, le fallamos a la gente real que está viviendo la otra.

La segunda, la más conocida, un poco la vejez heredada. Crisis demográfica, carga económica, colapso del sistema de salud, dependencia inevitable. Es amenaza, déficit o carencia. Y cuando solo mostramos esa cara, paralizamos en lugar de movilizar.

Ninguna de las dos permite tomar decisiones inteligentes. Ni como individuos, ni como empresas, ni como país.

Ahí es donde entra la Gerociencia con una propuesta distinta: ni cuento de hadas ni catástrofe. Intervención a tiempo. El dato que ancla esto es claro: Hoy solo el 20% de las personas mayores son dependientes. Pero ese porcentaje no es fijo.

Crece o se reduce según las decisiones que tomemos décadas antes. La Gerociencia dice exactamente eso: lo que haces a los 40 determina cómo llegas a los 75.

¿Y cómo se ve eso en la práctica? En Japón, municipios que dejaron de usar la edad cronológica para diseñar sus servicios de prevención; usan indicadores de capacidad funcional, mucho más cercanos a lo que la Gerociencia llama edad biológica. En Finlandia las empresas aplican el Índice de Capacidad Laboral -WAI por sus siglas en inglés- para evaluar individualmente a sus trabajadores y adaptar sus entornos antes de que aparezca la enfermedad, no después. Todos están haciendo lo mismo: pasando del dato al diseño. De la investigación a la intervención.

En Colombia no partimos de cero. Caldas ya tiene el piso construido: la Universidad de Caldas lleva años investigando el fenotipo del envejecimiento saludable en nuestra propia población, Maestría en Gerontología en su cohorte once, y la investigación "Misión Caldas Envejece" -con las universidades de Caldas y Autónoma de Manizales, la Fundación Saldarriaga Concha y Confa- ya nos dio la radiografía demográfica. Tenemos el diagnóstico. Lo que nos falta es el salto: conectar esa base con biotecnología, inteligencia artificial y transferencia al mercado. Pasar del dato a la intervención. De la investigación a la solución.

Y esa decisión no le corresponde solo a los científicos. Le corresponde a cada empresa que tiene colaboradores mayores de 45 años (solo por poner una edad). A cada universidad que forma a los profesionales de la salud del futuro. Y también a cada persona que hoy puede elegir entre reaccionar cuando algo duela o construir desde ahora la longevidad que quiere vivir.

La Gerociencia no es el futuro. Es el presente que todavía no hemos activado.

¡A longevizar con intención, que el tiempo no espera!