Dentro de ocho días tendremos más claro el panorama político del país. Por un lado, sabremos quiénes ganaron las consultas y cómo se moverán las apuestas entre los candidatos presidenciales; y por el otro, conoceremos cómo quedarán las fuerzas en el nuevo Congreso.
En los últimos años, el legislativo ha venido teniendo transformaciones. Existe una mayor diversidad: cada vez llegan más congresistas de regiones apartadas y ha aumentado la presencia de minorías étnicas que vienen de los territorios. Esto se ha logrado a pesar del error cometido en la Constitución del 91 al aprobar la circunscripción nacional para el Senado. Esta decisión provocó que muchas regiones se quedaran sin senadores y, además, encareció y complicó significativamente la posibilidad de llegar a esa corporación. Se han dado casos en que salen elegidos senadores en un número desproporcionado en relación con su población, que provienen de departamentos de tamaño mediano.
La llegada de nuevos rostros también ha traído cambios en las formas y en el vestuario. Aparecieron atuendos más pintorescos que reflejan las regiones y comunidades de origen. Prácticamente se acabaron los trajes de paño y la corbata; los atuendos ahora son más informales y abundan sombreros de todos los estilos y tamaños.
También han aterrizado youtubers e influencers que, en muchas ocasiones, aprovechan las plenarias para filmar a sus compañeros y transmitir sus intervenciones en directo. Es un comportamiento que, con frecuencia, le resta seriedad a los debates y desvía la atención de los temas fundamentales. Si de por sí el funcionamiento del Congreso se ve desordenado y que los congresistas ponen poco cuidado a las intervenciones, con la aparición de estos nuevos “padres de la Patria”, algunas sesiones se convierten, en ocasiones, en un desorden total.
Todo parece indicar que a estos nuevos integrantes les interesa más la figuración y ganar seguidores que las discusiones legislativas. La realidad es que ese es el Congreso que tenemos y, estoy seguro, la presencia de estos personajes crecerá tras las elecciones del próximo domingo.
Otro fenómeno es el crecimiento de las “famiempresas” electorales. Esto ocurre porque hay congresistas que, por diferentes razones, no continuarán en el cargo y buscan que sus curules las hereden sus esposas, hermanos, sobrinos, primos o hijos; algo que, sin lugar a dudas, no tiene presentación en una democracia.
Quiero resaltar, una vez más, la importancia de la jornada del próximo domingo, no solo por la consulta presidencial, sino por lo que se juega Caldas. Es fundamental que el departamento mantenga su representación en el Senado. Son cuatro los candidatos que verdaderamente son caldenses: Juan Sebastián Gómez, Camilo Gaviria, Carlos Felipe Mejia y Wilder Escobar. Como decía, por la circunscripción nacional no es fácil llegar allí; por lo anterior, no tengo duda de que es un error que los caldenses votemos por candidatos ajenos a la región, por más méritos que tengan. En mi opinión: “Caldas debe votar caldense”.
Respecto a la Cámara de Representantes, son cinco las curules que le corresponden al departamento. De estas, considero que cuatro están prácticamente definidas: Manuel Correa (lizcanismo), Octavio Cardona (liberalismo), un conservador (Félix Chica) y Santiago Osorio por el Pacto Histórico (aunque sea de la Alianza Verde). Queda un cupo que se lo disputarán tres sectores: la alianza Nuevo Liberalismo-Mira con Jorge Orlando García; el Centro Democrático con Mateo Hidalgo; y Salvación Nacional con Bruno Seidel, quien, en mi concepto, es el más preparado y opcionado de los tres.