No tengo ninguna duda de la importancia para la región del Aeropuerto del Café y que la discusión no puede quedarse en la simple sustitución de La Nubia. La apuesta regional tiene que ser más ambiciosa. La meta, como mínimo, debe lograr la construcción de los 2.600 metros correspondientes a la segunda etapa. La gran apuesta es convertir a Palestina en el “Rionegro de Caldas”. Mientras se logra esta “apuesta” es muy importante el acompañamiento a la comunidad. La brecha entre la visión y la ejecución está facturando un costo social muy alto.
Con el acta de inicio firmada, el proyecto entró en la etapa de preconstrucción, a fin de que el consorcio revise el componente técnico y las condiciones del terreno. Mover 6.5 millones de metros cúbicos de tierra en 24 meses no es cualquier tarea. Un dato de la complejidad: cada minuto y medio un “doble troque” cargado, estará transitando por las calles del municipio hasta su disposición final.
Una “prueba piloto” para el proyecto puede ser la construcción de la vía de acceso por el sector del barrio Popular, que actualmente se está realizando. En este contrato, en dos años de ejecución, de los 250.000 metros cúbicos de excavación estipulados, solo se han movido 200.000 y, de esos, 50.000 metros cúbicos tuvieron que ser trasladados hasta Manizales porque los botaderos de Palestina no pueden recibir lodos.
Mientras los estudios se revisan, la comunidad de Palestina sufre las afectaciones por causa del proyecto. La carretera en construcción tiene en riesgo inminente a cinco viviendas cuyos propietarios no tienen claro su futuro. A lo anterior se suman las dificultades originadas por la falta de la licencia ambiental para la segunda etapa (la de los 2.600 metros). No hay claridad sobre los barrios que serán intervenidos, a lo que se suma que cualquier mejora mínima en una casa requiere permiso de la Aerocivil. Mejor dicho, Palestina está en “stand-by”.
Con respecto a los temas pendientes se encuentra el de los “Zodmes”, que son los sitios de disposición final de las excavaciones; este mes se deben ratificar los contratos que se tienen firmados. Si se dejan vencer, la renegociación con los propietarios podría generar sobrecostos y dificultades. Así mismo, la comunidad debe tener claro el tiempo que le falta al proyecto. Entre la preconstrucción y la ejecución del contrato actual, la construcción del edificio de la terminal, de la torre de control y la segunda etapa -los 2.600 metros- se tendría un horizonte de 10 años.
Finalmente, se dice que “cada uno es dueño de su propio miedo”, pero el problema es cuando el costo de ese temor se paga con dineros públicos. El gerente del proyecto, al parecer está “muerto del susto” por su seguridad. Por lo que contrató un “esquema” por 40 millones de pesos mensuales, que sumado a otros gastos, entre los que está el manejo de su imagen, le cuestan al proyecto cerca de 1.000 millones al año.
Hay que tener en cuenta que hay otros directivos regionales que manejan proyectos similares o inclusive de mayor envergadura, que se desplazan tranquilamente, sin acompañantes. No tiene ninguna presentación que el gerente llegue a Palestina en una camioneta de alta gama, blindada y rodeado de escoltas -como si fuera “el salvador”-. De pronto le saldría más barato al proyecto contratarle un psiquiatra -como es usual para las personas nerviosas- que lo ayude a tranquilizarse.
10 May, 2026
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El gerente del proyecto, al parecer está “muerto del susto” por su seguridad.