La vida es cambio, eso lo aprendí hace mucho tiempo; es inútil aferrarse a algo o a alguien, pues la constante en este mundo es la impermanencia. Quienes formamos parte de la comunidad que rodea al colegio San Luis Gonzaga nos estamos enfrentando a una despedida; el queridísimo padre Aurelio Castañeda Verano, actual rector, ha sido escogido para dirigir el colegio jesuita de Barranquilla.
Por un lado nos alegramos por él, pues hace 50 años que no vive en la costa caribe, así que esta asignación le permite volver a su ciudad natal y estar cerca de su familia, lo cual es una bendición de Dios, pero la sensación que nos deja es de orfandad, pues el padre Aurelio es un sacerdote cálido, amable y cercano a toda la comunidad que dirige. Su Rectoría fue de puertas abiertas hacia los padres de familia, estudiantes y compañeros apostólicos. Así que esa cercanía y gran capacidad de escucha serán recordadas por todos nosotros.
Tuve la oportunidad de tener una charla con él para escribir este artículo y mi primera pregunta fue sobre su vocación sacerdotal. Me contó que sintió el llamado de Dios desde muy temprana edad, cuando miraba al cielo, siendo un niño de apenas 3 o 4 años, al ver las aves en su vuelo, el padre Aurelio tenía la sensación de que Dios estaba ahí. Su madre oraba con él todas las noches y le enseñó a confiar en su protección y en su misericordia. También le sirvió el ejemplo de una tía religiosa, quien le mostró lo que era la realidad de una vida dedicada a Dios y a la caridad. Cuenta que en su adolescencia conoció a varios sacerdotes jesuitas, quienes marcaron su vocación y después de entrar a la universidad, donde estudió Psicología, cuando llegó el momento de tomar la decisión de ingresar al sacerdocio, escogió la comunidad jesuita, principalmente por estar formada por hombres instruidos, con una gran y profunda formación intelectual y espiritual, que comparten a través del apostolado de la educación.
Antes de ser rector del colegio San Luis Gonzaga, el padre Aurelio dirigió la Pastoral de la Pontificia Universidad Javeriana, en Bogotá, que, como él mismo dice, es una pequeña ciudad, formada por 30.000 personas, entre docentes y estudiantes. Porque los jesuitas buscan una educación integral, no sólo académica sino humana; la formación en valores y la dimensión espiritual son pilares de la educación, tanto en los colegios, como en las universidades de la Compañía de Jesús.
Otra de las misiones que ha tenido el padre Aurelio es la de promover las vocaciones sacerdotales y ayudar en la formación de los jóvenes que deciden ingresar a la comunidad jesuita para “ser servidores de la misión de Cristo encarnado”.
De Manizales el padre habla con especial cariño, dice que le ha parecido una ciudad cívica, ordenada y limpia: una ciudad bella. Piensa que la va a extrañar. De los estudiantes, el padre se lleva tres aprendizajes: el primero es la opción por una vocación y una profesión esperanzadoras, el segundo es el sentido de inclusión y el tercero es que son niños emprendedores.
El legado del padre Aurelio lo sintetizo en una palabra: Alegría. Cuando se lo expresé, él se conmovió mucho, porque recordó que su padre, antes de irse para el noviciado, le dijo: “Hijo esté siempre alegre”, así que siente que le ha cumplido. Gracias padre por esa obra maravillosa que deja sembrada en nuestro colegio, en la ciudad y en el Eje Cafetero. Acá lo espera una comunidad llena de cariño hacia usted, para cuando quiera regresar. Dios lo bendiga.
01 Abr, 2026
Un legado de alegría
El legado del padre Aurelio lo sintetizo en una palabra: Alegría. Cuando se lo expresé, él se conmovió mucho.