17 Abr, 2026

El vértigo de la puerta abierta

El vértigo de la puerta abierta lo sienten tanto los padres como los hijos; ellos, porque no están seguros de cruzar ese umbral que los separa del mundo.

Tener un hijo es estar dispuesto a entregar el amor más puro e incondicional. Verlo crecer trae inmensas alegrías y también dolores. Hoy Mariana cumple diecisiete años. No es un cumpleaños cualquiera, es un año de tránsito en la vida de mi hija, en realidad se despide de su niñez y comienza a mirar la vida con ojos de adulto. La veo nostálgica, insegura, como si quisiera que este día no llegase. Este año le esperan grandes decisiones y transformaciones; debe decidir su carrera universitaria y a dónde quiere estudiar, esto tal vez implique irse a vivir a otra ciudad, lejos de la seguridad del hogar.
Por fin puede definir su propia identidad, dejar de ser la hija de o la estudiante de para ser ella misma. También es su último año como menor de edad, lo que le da algunos privilegios que le permiten vivir la vida aún con cierta levedad, en la medida en que crezca y madure se obligará a ver la vida y sus decisiones con mucha más seriedad.
Desde el punto de vista de la neurociencia los 17 años son la cima de la plasticidad emocional, en este momento el cerebro aún no ha terminado de madurar la corteza prefrontal, que permite tomar decisiones a conciencia, pero el sistema límbico, que regula las emociones, está en su máxima potencia, lo que hace que esa manera de sentir no se repita nuevamente; es la mejor descripción de intensidad. Sí, a esa edad todo lo que sentimos es intenso: el amor, las ilusiones, las decepciones, los ideales. En ese instante de la vida tenemos un motor de Fórmula Uno que quiere explotar si no lo dejan arrancar: la ilusión por vivir está en su punto más alto.
Es en este momento cuando los padres y las madres que hemos dedicado nuestra vida a criar esos hijitos, nos enfrentamos al máximo dolor, pues es nuestro deber abrirles la puerta para que ellos salgan al mundo, a prepararse para entregar todo ese potencial que tienen, así sea lejos de nosotros.
El vértigo de la puerta abierta lo sienten tanto los padres como los hijos; ellos, porque no están seguros de cruzar ese umbral que los separa del mundo, un lugar que están llamados a explorar y a mejorar. Nosotros, los que nos quedamos del otro lado de la puerta, si amamos de una manera sana a nuestros hijos, nunca debemos ser un impedimento para que ellos hagan esta transición, los hemos educado para ello, como dice esa hermosa canción en inglés, debemos “ser el viento debajo de sus alas”, sino ¿qué sentido tiene todo ese amor y trabajo que implica educar un hijo?
Es como el que encuentra un tesoro; una hermosa obra de arte y, en vez de compartirla con el mundo, para que muchos se alegren con su belleza, la esconde para verla él solo. No, yo no eduqué a mi hija para eso, yo no quiero forzarla a que se quede a mi lado, así me duela mucho su partida, pero sé en mi corazón que ese tesoro que es Mariana, nació para dar mucho bien al mundo. Feliz cumpleaños hijita mía, disfruta mucho esta edad, que es tan hermosa, que inspiró el bello poema de Violeta Parra, convertido en canción “Volver a los 17”.