Desde el punto de vista etimológico los términos progresar y progresismo guardan una relación, que en el común de la gente genera confusión cuando observa tantas contradicciones entre la realidad y las actuaciones del Gobierno, que se identifica como progresista, pero convertido en un auténtico pobresismo. El progresismo solo ha sido para quienes han disfrutado de las mieles del poder y últimamente con migajas populistas regalando huevos, entre otros a los pobres que buscan reconquistar en época electoral.
Y es que como si fueran pocos los escándalos en estos cuatro años, ahora se vislumbra un nuevo sismo con el interminable tema de los nuevos pasaportes y gruesas sumas de dinero involucradas en un capítulo más de corrupción y olla podrida que investiga la Contraloría, más grave al parecer que el de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).
Las finanzas del Estado son un verdadero sismo provocado por el Gobierno, con gasto improductivo desbordado en burocracia, incremento injustificado del tamaño del Estado, soborno a congresistas para sus reformas, viajes al exterior, entre tantas otras prácticas de corrupción que han generado un preocupante déficit y fuerte incremento de la deuda pública que pasó de 183.000 millones de dólares en agosto/22 a 331.000 millones de dólares en marzo/26, con su alto encarecimiento y deterioro de la calificación del riesgo a nivel internacional. Pese a esto, ni siquiera el Gobierno ha logrado satisfacer las expectativas creadas en el campo social. Algo que difícilmente podrá superar con el deterioro y decrecimiento de la fuerza productiva que paga impuestos para sostenerlo e incluso para generar empleo estable y formal.
A punto de provocarse también un sismo en las operaciones aéreas del país cuando ha quedado al descubierto un déficit de 200 controladores aéreos, mientras la Aeronáutica Civil admite que los 1.800 o 2.000 con que cuenta en la actualidad, requiere entrenamiento, pues la mayoría recién ingresaron en época electoral y son ajenos al sector aeronáutico. En salud, con el incremento del 30,2% promedio en el gasto del bolsillo para medicamentos por la falta de entrega del sistema a los usuarios, el sismo se agrava además con la designación como Superintendente de un personaje como Daniel Quintero con señalamientos de corrupción.
Consuela que el Consejo de Estado suspendió el nuevo sismo que sobre el sistema pensional pretendía generar el Gobierno con su decreto 0415/26 disponiendo el traslado casi inmediato de 25 billones de pesos de los ahorros de más de 120 mil personas en fondos privados a Colpensiones, con los que el Gobierno presuntamente iba a incrementar su insaciable voracidad en favor de su candidato a sucederlo con el pobresismo.
Crítico el “sismo” en seguridad agudizado en el Valle del Cauca y otras regiones con 41 masacres este año, cobrando vidas inocentes frente a la pésima política de paz de Petro, calificada como forma de traición a la patria, al tolerar control territorial a los violentos. Sismo en el control cuando al parecer en el Batallón Rifles del Ejército en Caucasia, operaba una mina de explotación ilegal de oro, pero con licencia de la Agencia Nacional de Minería, entregada por el mismo Petro y que beneficia al Clan del Golfo. Con todo ello, ¿millones de colombianos desean que el desastre pobresista continúe?