Foto | Cortesía Bogotá Cómo vamos | LA PATRIA
Cada año, más de 1.100 bogotanos mueren por respirar aire contaminado: el aire cobra más vidas que muchas enfermedades.
En Bogotá, respirar puede ser mortal. Aunque a simple vista el aire parezca limpio, su composición esconde una mezcla tóxica de contaminantes que está cobrándose la vida de más de 1.100 personas cada año.
La contaminación atmosférica, impulsada en gran parte por el tráfico vehicular y el uso de diésel, afecta gravemente la salud pública, especialmente en localidades de la capital Colombiana como Kennedy, Engativá, Suba, Bosa y Ciudad Bolívar.
Estas zonas, caracterizadas por su alta densidad poblacional y baja cobertura vegetal, enfrentan una crisis silenciosa con consecuencias devastadoras.
Bogotá enfrenta una crisis silenciosa pero mortal. Las cifras son claras y las soluciones posibles, pero se necesita voluntad política para implementar cambios estructurales. Descarbonizar el transporte, actualizar las normas ambientales y priorizar la salud pública son pasos urgentes para dejar de contar muertes evitables.
Una cifra que estremece
Según un estudio realizado por Mónica Tatiana Herrera Escalante, magíster en Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia, el dióxido de nitrógeno es responsable del 4,3 % de todas las muertes naturales en adultos mayores de 30 años en Bogotá. En total, se estima que este contaminante provoca más de 1.100 muertes anuales.
Las enfermedades más frecuentes son las respiratorias. El 12% de las muertes por infecciones respiratorias agudas bajas y el 6,3 % de las causadas por enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) están directamente asociadas con la exposición prolongada a este gas, que proviene principalmente del escape de vehículos.
Un patrón de desigualdad ambiental
El cruce de datos del estudio identificó a Kennedy como la localidad con mayor número de muertes atribuibles al dióxido de nitrógeno (3.187 en el periodo 2013–2019). Le siguen Engativá (2.157), Suba (1.902), Bosa (1.736) y Ciudad Bolívar (1.571). Estas zonas comparten características como tráfico vehicular denso, poca cobertura arbórea y, en algunos casos, presencia industrial.
Este patrón confirma que la exposición a contaminantes del aire no solo es un problema ambiental, sino también un reflejo de la desigualdad urbana.
Un enemigo silencioso con impacto cardiovascular
Aunque menos letal que el dióxido de nitrógeno, el ozono troposférico también representa un peligro. Durante episodios de alta concentración, este gas ha provocado aumentos en la mortalidad general y cardiovascular. En 2016 y 2020, años con altos picos de ozono, las muertes por enfermedades cardíacas aumentaron significativamente.
El estudio reveló que las mujeres presentan mayor vulnerabilidad ante los contaminantes, especialmente frente a la mortalidad general atribuible al dióxido de nitrógeno. Las causas pueden incluir diferencias biológicas, inmunológicas o incluso patrones de exposición ligados a actividades diarias y ocupaciones.
Lecciones de pandemia: menos tránsito, menos muertes
Durante el confinamiento de 2020, la disminución del tráfico redujo las concentraciones de dióxido de nitrógeno hasta en un 58 %. Esta reducción coincidió con una caída en la mortalidad atribuible a este gas, demostrando que las políticas de movilidad tienen un impacto directo en la salud pública.
Simulaciones con impacto real: ¿qué medidas salvan más vidas?
Utilizando el modelo DAUMOD-GRS y el software AirQ+ de la OMS, la investigación proyectó el impacto de diferentes políticas públicas:
1. Escenario actual:
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2.368 muertes evitables por año.
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Suba, Kennedy y Engativá son las más afectadas.
2. Prohibición total del diésel:
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Reducción del 65 % en muertes atribuibles.
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Se salvarían unas 1.500 vidas al año.
3. Reducción parcial (10 %) del uso de diésel:
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Resultados modestos: el aire sigue siendo peligroso hasta 19 días al año.
4. Transición total a transporte eléctrico y gas natural:
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Disminución del 77 % en dióxido de nitrógeno.
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Cumplimiento total con los estándares de la OMS.
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Casi cero muertes atribuibles a la contaminación.
Este último escenario demuestra que la descarbonización del transporte no es solo una solución ambiental, sino la intervención en salud pública más eficaz para Bogotá.
Normativas obsoletas: una urgencia legislativa
Aunque la OMS actualizó en 2021 sus guías de calidad del aire, Colombia aún regula con una resolución de 2017, con umbrales menos estrictos. Esta brecha normativa impide que el país actúe con la urgencia requerida para proteger la salud de su población.
Fuentes oficiales consultadas:
-
Universidad Nacional de Colombia
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Red de Monitoreo de Calidad del Aire de Bogotá
-
Organización Mundial de la Salud (OMS)
-
Secretaría Distrital de Ambiente
* Este informe se realizó con el apoyo de la Universidad Nacional y su oficina de Unimedios.
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