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La declaratoria de alerta amarilla que hicieron los consejos de Gestión del Riesgo de Manizales y de Caldas, cada uno por separado, no tienen por qué tomar desprevenido a nadie. Más bien es un pronunciamiento que debe dar paso a verificar si la ciudad y el resto del departamento están preparados para lo que se viene con el régimen de lluvias, que ha sido intenso y supera promedios históricos, y que va a seguir, porque la primera temporada invernal del 2026 comenzará a mediados de marzo próximo.
Esta es una región curtida en enfrentar periodos lluviosos y sus graves consecuencias, y todas las experiencias acumuladas durante años deben guiar ahora la toma de decisiones acertadas y la aplicación de medidas que contribuyan con la mitigación del riesgo, porque hay que entender también que es imposible erradicarlo por completo, más cuando se trata de fenómenos producidos por la naturaleza e intensificados por el cambio climático. Dentro de las tareas de este tipo de declaratoria, que deben estar dirigidas a proteger a las poblaciones, figura estar preparados y en alistamiento para responder a emergencias con todos los organismos que tienen que ver con esta función y concentrarse en el monitoreo de áreas y de las condiciones climáticas.
Por lo aprendido, ya hay temor por la saturación de agua lluvia en los suelos, porque los hace más propensos a deslizamientos que tanto daño y muertes han ocasionado. Cuando suceden, se desprende de inmediato la afectación de las vías, demandando en primer lugar disponer del recurso humano, de equipos y de maquinaria suficientes para enfrentarlos. Lo que se espera es que los 27 municipios de Caldas y la Gobernación tengan a disposición todos estos medios y en buenas condiciones, porque de nada sirve que estén operando a medias o con daños para funcionar.
Cuando se vienen los derrumbes por lo general también surge la necesidad de ejecutar obras urgentes, que casi siempre resultan bastante costosas y por ello es que en los presupuestos anuales deben existir rubros dirigidos a cubrir este tipo de imprevistos por fuertes lluvias y así no dejar a las comunidades incomunicadas y enfrentando múltiples problemas económicos y sociales durante largos periodos y expuestos a más riesgos. Ser oportuno, en estos casos, es la mayor ganancia porque se evita dejar crecer los daños.
La ciudadanía también debe saber que tiene un rol preponderante cuando se declara una alerta amarilla por lluvias, asumiendo la vigilancia de su entorno, lo que empieza en el lugar de residencia en cuanto al estado de la vivienda en techos, cubiertas y sistemas de captación y evacuación de aguas; continúa con el chequeo de terrenos, laderas, quebradas y ríos, y de detectar algo irregular comunicarlo a las autoridades o a los organismos de socorro y solicitar su presencia para que verifiquen las condiciones y emitan conceptos técnicos. Igualmente hay una alta responsabilidad con el correcto manejo de las basuras, que en buena parte, cuando no se hace, es causante de estragos.

Lo que se viene no es exclusivo de un sector específico. Si esto marcha de manera que todos aportemos en lo que nos corresponde, el impacto y los efectos de las intensas lluvias con seguridad será mucho menor, incluyendo la autoprotección necesaria contra las enfermedades respiratorias, que por lo general se disparan en estas épocas de frío, vientos y aguaceros.