Qué lío la detención de Seuxis Hernández, más conocido como José Santrich, su alias como miembro del Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), pieza clave en el proceso de paz con ese grupo subversivo. Las explicaciones de la Fiscalía son muy claras, pero es bueno entender que este es un proceso en el que el ente acusador cumple con su parte de instruir las investigaciones y que le corresponde a un juez de la República resolver la responsabilidad que le compete a esta persona y a los demás detenidos. A su turno, será la Corte Suprema la que valorará ver si hay méritos para extraditarlos a los Estados Unidos o no.
Las reacciones de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común fueron de rechazo inmediato. Desde el mismo momento en que se presentó la captura dijo que esta es producto de un montaje y que es el peor momento del proceso de paz, lo cual es seguramente cierto, pues la detención de una persona de este nivel, acusada de preparar el envío de cocaína a los Estados Unidos, después de la firma de los acuerdos, es un señalamiento muy grave, que debe ser probado absolutamente. No puede quedar manto de duda en que esa actuación sucedió, porque sería muy grave que la Fiscalía se hubiera adelantado a dar un golpe sin tener tal contundencia.
De acuerdo con la información de la Fiscalía General de la Nación y del Departamento Antidrogas de los Estados Unidos (DEA) estas capturas se dan porque Santrich y los demás capturados negociaban el envío de coca con el Cartel de Sinaloa a los Estados Unidos, lo que nos devuelve a la petición que se ha hecho desde antes, de que era requisito sine qua non para acceder a los beneficios del Acuerdo de Paz, que los integrantes de las Farc dejaran no solo de delinquir, sino que era importantísimo que entregaran las rutas de narcotráfico que tanto se han negado a reconocer. Esto sigue sin darse y es razón para mantener los ojos abiertos sobre esa parte del conflicto que se ha manejado con pinzas, por aquello de la conexidad con la que se ha tratado de justificar su participación en el negocio del narcotráfico.
Este caso requiere prioridad en la Justicia Especial para la Paz, y en la ordinaria si llega allí en caso de probarse que se trata de hechos posteriores a la firma del acuerdo, y debe darse de manera transparente frente a los ciudadanos. Lo que está en juego no es poco. Por eso deben brindarse con lujo todas las garantías procesales a los detenidos para que puedan controvertir las pruebas que presentará la Fiscalía. La Justicia debe entender la delicadeza de la situación y por eso esperamos que actúe en consonancia, con prontitud y profundidad.
Es importante que los excombatientes de las Farc entiendan la responsabilidad que asumieron con el país, que les perdona buena parte de sus crímenes, con tal de lograr un país en paz. Para ello es clave tener la certeza de que no habrá repetición, de que dejaron de delinquir, de que son reales sus intenciones de acogerse a la vida civil y hacer la política desde su nuevo escenario por la reconciliación de Colombia. Y también tienen que entender que si no cumplen con esto la ley les caerá con todo su peso. Ojalá que esta situación se aclare pronto y en derecho.