Durante décadas nos enseñaron que evolucionar significaba abandonar la tierra, la madera y la guadua. Nos convencieron de que el concreto era el símbolo del progreso y que los sistemas constructivos tradicionales pertenecían al pasado. Sin embargo, en Manizales ocurrió algo curioso: mientras intentábamos olvidar cómo construíamos, muchas de nuestras casas de bahareque seguían resistiendo terremotos, lluvias y el paso del tiempo. Tal vez el problema nunca fue el material. Tal vez fue nuestra idea de modernidad.
Manizales es una ciudad singular en América Latina. Aquí convivieron al menos cuatro tipologías de bahareque: el tradicional, la tabla parada, el encementado y el metálico. Este conocimiento permitió que, a comienzos del siglo XX los constructores locales reinterpretaran estilos europeos —palacios de inspiración francesa o edificaciones neoclásicas— utilizando los materiales disponibles en estas montañas. No era una copia. Era una adaptación inteligente entre aspiraciones estéticas y conocimiento del territorio. Fuimos audaces. Y sobre todo innovadores.
Hoy muchas de esas edificaciones sobreviven más por la voluntad de sus habitantes que por una política clara de protección. Casos como la Juan XXIII o el Colegio Sagrado Corazón recuerdan el valor de estas estructuras levantadas con saberes transmitidos de generación en generación. Otras siguen en pie después de múltiples terremotos, demostrando que el conocimiento constructivo local tenía —y tiene— una lógica estructural profundamente adaptada a este territorio.
Sin embargo, la legislación sobre estos sistemas sigue siendo limitada y, en muchos casos, utilizar materiales locales resulta más complejo que recurrir a sistemas industrializados. Paradójicamente, muchas de estas edificaciones han permanecido en pie más tiempo que varias versiones de la normativa de sismorresistencia que, con cada actualización, consolidan modelos de construcción cada vez más masivos en concreto.
Caldas ha demostrado que el bahareque funciona en todos sus pisos térmicos. Es resistente, sostenible y accesible. Desde las zonas cercanas a las nieves hasta las riberas de los grandes ríos, este sistema acompañó históricamente la forma en que habitamos el territorio. Pero socialmente decidimos darle la espalda.
En algún momento se instaló la idea de que evolucionar significaba reemplazar la madera y la guadua por bloque y ladrillo. Modificamos las montañas para aplanar el terreno y adaptar la arquitectura a sistemas rígidos, cuando durante décadas la guadua había permitido hacer lo contrario: adaptar la arquitectura al paisaje.
Durante la pandemia quise entender si era posible volver a construir como siempre lo hicimos, sin depender de materiales externos ni de la enorme huella de carbono que estos implican. La crisis por la escasez de acero parecía una oportunidad para repensar el sistema. Pero apareció otro problema: hoy no solo es difícil acceder a la guadua, también escasea la mano de obra capacitada. Los saberes dejaron de transmitirse y construir en bahareque puede resultar más costoso por la falta de artesanos que por el sistema mismo.
Mientras tanto, en el mundo contemporáneo emerge con fuerza el concepto de arquitectura neovernácula: una forma de construir que combina los conocimientos ancestrales con las nuevas tecnologías. Curiosamente, aquello que durante décadas fue considerado atraso empieza a ser reinterpretado como una alternativa sostenible y sofisticada. Viviendas campestres, hoteles, centros de convenciones e incluso proyectos turísticos han comenzado a reconocer este saber ancestral como parte de una nueva forma de entender la arquitectura.
Manizales tiene una oportunidad extraordinaria. Contamos con conocimiento histórico, tradición constructiva y una industria de materiales de construcción en seco que es referencia en América Latina. Es decir, tenemos tanto el pasado como las herramientas para imaginar el futuro.Tal vez el verdadero progreso no esté en abandonar lo que somos. Tal vez esté en volver a entender que, a veces, el futuro también puede construirse desde la tierra.
27 Mar, 2026
Neovernáculo: cuando el futuro vuelve a la tierra
Mientras tanto, en el mundo contemporáneo emerge con fuerza el concepto de arquitectura neovernácula: una forma de construir que combina los conocimientos.