Los medios de comunicación digitales se han convertido en garantía de independencia para las audiencias que desconfían de los grandes medios tradicionales por sus intereses económicos y políticos. En lo local y lo regional esto se refuerza con la confianza que genera la cercanía de los mismos. Y aunque hay muchos de gran calidad, valga resaltarlo, no todo lo digital es tan independiente como promete.

El problema está en que algunos anteponen lo comercial al servicio público, que es la esencia del verdadero periodismo. Reciben dinero de pauta de varias entidades oficiales y publican, sin ninguna contrastación, la información que a estas entidades les interesa. No cumplen con la función de investigación y denuncia. No son independientes ni transparentes, pues no explican cómo se financian.

La clave está en diferenciar el periodismo de calidad de otro tipo de contenidos. Pero las audiencias no siempre saben distinguir quién ejerce la profesión con ética y calidad, y quiénes tienen otro tipo de intereses, como ser virales, ser famosos, o lanzarse a la política.

Las malas prácticas incluyen inventarse hipopótamos que no existen y desmentir a una entidad pública sin pruebas contundentes, (minando así la ya deteriorada confianza de la ciudadanía en las instituciones), y pagarse unos a otros para publicar notas que hablen bien de ellos.

Como si eso fuera poco ya parece costumbre de ciertos “medios de comunicación” copiar noticias completas o informes especiales y hasta temas exclusivos de La Patria y presentarlos tal cual en sus portales sin siquiera dar el crédito, obteniendo así un aumento en el tráfico de sus redes sociales o portales. El plagio no es nuevo, pero parece normalizarse cada vez más en este mundo de redes sociales en el que reinan la mentira y la copia. Afortunadamente ya se están poniendo límites, en Noruega implementaron un modelo de pago a los medios por utilizar su contenido en el entrenamiento de la IA.

Lograr una exclusiva requiere un trabajo arduo, por lo general no cae del cielo ni obedece a casualidades. Es necesario cultivar buenas fuentes, ganarse su confianza, lo cual puede durar meses o incluso años, y demostrar profesionalismo, ética. También implica persistir, hacerles seguimiento a los temas. Requiere de olfato noticioso; es decir, la habilidad para saber por dónde puede saltar la liebre, y eso se adquiere con años en el oficio. Por todo lo anterior una exclusiva es eso, una historia periodística que solo tienen un medio o un periodista.

¿Cómo hacen entonces ciertos portales para publicar solo minutos después que La Patria noticias calcadas palabra por palabra? Vergüenza debería darles a quienes engañan de esa manera a sus seguidores y quienes irrespetan a periodistas que llevan décadas en el periódico tratando de hacer la tarea juiciosamente.

Con toda la razón, los periodistas víctimas de estos plagios se preguntan si sigue valiendo la pena esforzarse si los créditos se los van a llevar otros, reflexión que cobra aún más sentido en una época en la que los clics importan tanto para la supervivencia de los medios de comunicación.

Cada quien es libre de perseguir sus intereses, pero no envileciendo al periodismo, utilizándolo como trampolín sin importar los efectos que esto tiene en las audiencias. También es cierto que los periodistas cometemos errores, pero la profesión también se ha visto mancillada por personajillos que quisieran ser periodistas, pero que solo llegan a mentirosos profesionales.