Finalizada la participación en cuartos de final, que literalmente plasmó el objetivo planteado por el mayor accionista: “un equipo autosostenible dentro de los ocho”, fueron más las cosas positivas de un Once Caldas que en la doble confrontación con Junior se mostró superior en fútbol y propuesta, sin el complemento del resultado.
Blanco: Los 34 puntos de 63 posibles para un rendimiento del 54%, ubicándose quinto en la tabla con abono fértil hacia torneo internacional en 2027. Fue el conjunto con menos derrotas en Liga, apenas tres, y su promedio anotador de 1.6 indica que marcó gol cada 57 minutos producto de 33 gritos en 21 encuentros.
Entre las fechas 8 y 11 sumó una racha positiva de cuatro victorias al hilo, goleando a sus rivales y concretando 13 veces. Jugó muy bien contra Cali como visitante, frente a Nacional y Junior en Manizales, y en las goleadas sobre Fortaleza, Chicó y Pasto. Vale destacar que su estilo identificó un modelo ofensivo en todos los estadios.
Inmensos los goles y los récords de Dayro Moreno; la consolidación en un club grande del portero Joan Parra y la recuperación, aunque tardía, de Andrés Felipe Roa, obras del técnico. También el nivel de Luis Sánchez, Robert Mejía, Felipe Gómez y Juan David Cuesta, más la actitud, el compromiso y el convencimiento que caracterizó al grupo.
Capítulo aparte el respaldo del público: 15 mil aficionados promedio confirmaron al Once Caldas como el quinto equipo del país en asuntos de asistencia. Igualmente la buena imagen que transmitió a nivel nacional y el reconocimiento al trabajo de campo del cuerpo técnico que contó con el aporte adicional del experimentado Panelo Valencia.
Negro: El sistema defensivo con centrales que parecían cortados con la misma tijera: vehementes, íntegros, generosos en la entrega, pero de escasa técnica individual. El reflejo, solo tres arcos en cero y Joan Parra siempre figura.
Los volantes creativos fueron de medio tiempo por distintos motivos, pues según el técnico los excluía porque pedían el cambio. Extraña coincidencia que los talentosos Sánchez y Roa fallaran por falta de tanque. El “Niche”, uno de los diferentes de la campaña, se necesitó en condiciones óptimas en jornadas clave.
El doble nueve terminó siendo un fracaso. A Dayro lo pusieron a jugar desde tres cuartos de cancha y a Zapata como puntero, ambos con limitaciones para cumplir con esas funciones. La lesión de Barrios acabó con los delanteros por banda, y no hubo relevos: a Zuleta lo afectó la suplencia, a Deinner lo borraron y Heleyker Guzmán es bisoño.
Dolorosas las derrotas en Palogrande ante Millonarios y Junior frente a más de 20 mil hinchas, los empates con Pereira y Alianza en partidos ganables, y el ajustado presupuesto y la falta de ambición del Arriero, conformista, que agacha la cabeza ante el dueño.
Absurdo que haya aficionados en contra de un entrenador con cuatro clasificaciones en cinco torneos cortos y en el que no, metió a Once Caldas entre los 8 de la Copa Suramericana. Pésimo el departamento de comunicaciones, que no informa nada, y también su Gerente General, más político que los políticos, promete y no cumple.
Por enmendar, un rendimiento más parejo en línea de tiempo, que contraten jugadores que lleguen en plenitud, sin tener que esperar su puesta en forma, que Herrera enfatice su proyecto y exija un central líder, de categoría, un volante seis que acompañe a Mejía, extremos y un goleador, y que mejore su repetitivo discurso.
Hasta la próxima...