18 May, 2026

En blanco y negro

Absurdo que haya aficionados en contra de un entrenador con cuatro clasificaciones en cinco torneos cortos. 

Finalizada la participación en cuartos de final, que literalmente plasmó el objetivo planteado por el mayor accionista: “un equipo autosostenible dentro de los ocho”, fueron más las cosas positivas de un Once Caldas que en la doble confrontación con Junior se mostró superior en fútbol y propuesta, sin el complemento del resultado.

Blanco: Los 34 puntos de 63 posibles para un rendimiento del 54%, ubicándose quinto en la tabla con abono fértil hacia torneo internacional en 2027. Fue el conjunto con menos derrotas en Liga, apenas tres, y su promedio anotador de 1.6 indica que marcó gol cada 57 minutos producto de 33 gritos en 21 encuentros.

Entre las fechas 8 y 11 sumó una racha positiva de cuatro victorias al hilo, goleando a sus rivales y concretando 13 veces. Jugó muy bien contra Cali como visitante, frente a Nacional y Junior en Manizales, y en las goleadas sobre Fortaleza, Chicó y Pasto. Vale destacar que su estilo identificó un modelo ofensivo en todos los estadios.

Inmensos los goles y los récords de Dayro Moreno; la consolidación en un club grande del portero Joan Parra y la recuperación, aunque tardía, de Andrés Felipe Roa, obras del técnico. También el nivel de Luis Sánchez, Robert Mejía, Felipe Gómez y Juan David Cuesta, más la actitud, el compromiso y el convencimiento que caracterizó al grupo.

Capítulo aparte el respaldo del público: 15 mil aficionados promedio confirmaron al Once Caldas como el quinto equipo del país en asuntos de asistencia. Igualmente la buena imagen que transmitió a nivel nacional y el reconocimiento al trabajo de campo del cuerpo técnico que contó con el aporte adicional del experimentado Panelo Valencia.

Negro: El sistema defensivo con centrales que parecían cortados con la misma tijera: vehementes, íntegros, generosos en la entrega, pero de escasa técnica individual. El reflejo, solo tres arcos en cero y Joan Parra siempre figura.

Los volantes creativos fueron de medio tiempo por distintos motivos, pues según el técnico los excluía porque pedían el cambio. Extraña coincidencia que los talentosos Sánchez y Roa fallaran por falta de tanque. El “Niche”, uno de los diferentes de la campaña, se necesitó en condiciones óptimas en jornadas clave.

El doble nueve terminó siendo un fracaso. A Dayro lo pusieron a jugar desde tres cuartos de cancha y a Zapata como puntero, ambos con limitaciones para cumplir con esas funciones. La lesión de Barrios acabó con los delanteros por banda, y no hubo relevos: a Zuleta lo afectó la suplencia, a Deinner lo borraron y Heleyker Guzmán es bisoño.

Dolorosas las derrotas en Palogrande ante Millonarios y Junior frente a más de 20 mil hinchas, los empates con Pereira y Alianza en partidos ganables, y el ajustado presupuesto y la falta de ambición del Arriero, conformista, que agacha la cabeza ante el dueño.

Absurdo que haya aficionados en contra de un entrenador con cuatro clasificaciones en cinco torneos cortos y en el que no, metió a Once Caldas entre los 8 de la Copa Suramericana. Pésimo el departamento de comunicaciones, que no informa nada, y también su Gerente General, más político que los políticos, promete y no cumple. 

Por enmendar, un rendimiento más parejo en línea de tiempo, que contraten jugadores que lleguen en plenitud, sin tener que esperar su puesta en forma, que Herrera enfatice su proyecto y exija un central líder, de categoría, un volante seis que acompañe a Mejía, extremos y un goleador, y que mejore su repetitivo discurso.

Hasta la próxima...