El departamento de Caldas atraviesa un momento decisivo para fortalecer su liderazgo territorial y avanzar hacia un mayor desarrollo, siendo necesario que la Gobernación asuma con responsabilidad acciones que generen las transformaciones que se requieren para el bienestar de las comunidades, las cuales implican una estrategia en doble vía. De un lado, se deben culminar los proyectos heredados que llevan años en mora, y de otro lado acelerar la ejecución de las metas incluidas en el actual Plan Departamental de Desarrollo. Pero al revisar la materialización de los proyectos estratégicos y de visión de largo plazo del departamento deja una conclusión evidente, “no pasa nada”.
Persisten obras que durante años fueron anunciadas como motores del progreso y que hoy continúan sin generar impacto real en los territorios, aunque estos proyectos no fueron concebidos en la actual Administración, sí es responsabilidad de la Gobernación de Caldas tomar las decisiones y acciones necesarias para concluirlos, porque gobernar también es resolver lo que otros dejaron inconcluso.
El caso más emblemático es Aerocafé, a pesar de los anuncios del Gobierno nacional, el manejo administrativo sigue generando incertidumbre, se perciben nuevas demoras y una creciente politización de una obra que debería ser, ante todo, un proyecto estratégico regional; Caldas necesita Aerocafé, pero sobre todo requiere certezas sobre su materialización.
Este no es el único caso, hay otros proyectos largamente prometidos; como las Vías del Hermanamiento, sin avances significativos; las centrales de sacrificio, sin resolver; la planta láctea de Marulanda, sin consolidarse; el Centro Minero-Ambiental de Marmato, sin plena operación; el Centro Logístico Agroindustrial de Occidente (CLAO), sin puesta en marcha; viviendas anunciadas que aún no llegan a las familias; entre otros. Proyectos que debieron transformar las economías de los municipios y que siguen detenidos en el tiempo, mientras las comunidades continúan esperando.
Caldas no puede normalizar la inercia, no es aceptable que los proyectos estratégicos del desarrollo regional se prolonguen indefinidamente entre anuncios y justificaciones, cada retraso tiene consecuencias reales sobre la población.
El problema no es solo el pasado inconcluso, también preocupa el presente que puede convertirse en incumplimiento futuro, con algunos proyectos incorporados en el actual Plan Departamental de Desarrollo aún no se identifica una estrategia clara para su materialización como la Política Pública de Gestión del Riesgo, el Plan de Ordenamiento Departamental, las 800 viviendas prometidas por la actual Administración continúan sin concretarse, la Política Pública de Juntas de Acción Comunal y otras metas que hoy están en el papel y que podrían mañana engrosar la lista de promesas incumplidas si no se actúa con decisión.
A ello se suma un aspecto institucional ineludible, el respeto a la ley de cuotas, siendo necesario aumentar la participación de las mujeres en cargos directivos de la Gobernación de Caldas, el cual no es una opción política sino un mandato legal, porque al ignorarla se vulnera la norma, pero también se debilita la legitimidad del Gobierno departamental.
Caldas requiere menos explicaciones y más resultados, menos anuncios y más obras terminadas, menos demoras y más decisiones, porque mientras los proyectos no se concluyen, las comunidades siguen esperando, y en Caldas, lamentablemente, no puede seguir pasando nada… y no pasar nada.