A pocos días de las elecciones presidenciales en Colombia, el debate parece atrapado en la superficie de las disputas personales, pero lo que los ciudadanos definiremos en las urnas va mucho más allá de una figura política o un color partidista; estaremos eligiendo la visión de país y el modelo de desarrollo que guiará el destino de las regiones y de las futuras generaciones en los próximos años.
La Constitución Política establece que en Colombia el voto es programático, lo que significa que los ciudadanos no elegimos a un individuo solo por su carisma; elegimos una estrategia de nación plasmada en un programa de gobierno concreto. Por esta razón, ejercer un voto responsable exige ir más allá de identificar los resultados de las encuestas o escuchar el estruendoso ruido que generan las redes sociales de cada uno de los candidatos, lo que nos obliga a informarnos, contrastar las propuestas y evaluar con criterio técnico cuál de ellas responde mejor a las complejidades regionales y nacionales.
El voto programático debe superar la lectura de un documento o escuchar discursos, exige también, evaluar el liderazgo de quienes aspiran a dirigir el país, porque el presidente de la República es un líder nacional, y de su carácter, su capacidad para tomar decisiones y su visión estratégica dependerá, en buena medida, el rumbo que tome Colombia en los próximos años.
El liderazgo es la capacidad de inspirar confianza, tomar decisiones difíciles y movilizar a la sociedad hacia objetivos comunes, porque un verdadero líder público no se limita a señalar problemas ni a buscar culpables, asume responsabilidades, escucha con respeto, actúa con firmeza y mantiene el rumbo incluso en momentos de incertidumbre.
Colombia requiere que sus gobernantes pasen de las palabras a las acciones, que no se distraigan en campañas de desprestigio y que trabajen en el establecimiento de estrategias que eliminen las profundas brechas sociales, desigualdades regionales y los retos de seguridad y gobernabilidad que se tienen actualmente.
El país necesita un presidente con visión de largo plazo, que entienda que el desarrollo no se construye desde la improvisación ni desde la confrontación permanente, tampoco entregándolo a los grupos delincuenciales, requerimos de un líder que inspire unidad, genere confianza en los ciudadanos y en los inversionistas, fortalezca las instituciones, gobernando con criterio técnico y responsabilidad ética.
Al revisar las distintas propuestas presidenciales, resulta evidente que existen visiones muy diferentes sobre cómo alcanzar el desarrollo, las menos convenientes plantean un mayor protagonismo del Estado en la economía; otras más necesarias sostienen que el desarrollo sostenible se construye fortaleciendo la empresa privada, el emprendimiento y la libertad económica como verdaderos motores fundamentales de la prosperidad para garantizar oportunidades reales a las comunidades.
El próximo 31 de mayo votaremos por el diseño del país que queremos construir, por recuperar el rumbo, en el que no sean excluyentes los asuntos sociales del desarrollo económico y la gestión ambiental; el llamado urgente es a informarse, contrastar con rigurosidad, reflexionar sin apasionamientos y ejercer un voto plenamente consciente y responsable.
18 May, 2026
¿Qué liderazgo necesita Colombia?
El país necesita un presidente con visión de largo plazo, que entienda que el desarrollo no se construye desde la improvisación ni desde la confrontación permanente,