01 Jun, 2026

La deconstrucción masculina no es una guerra contra los hombres

Ayudemos también a los hombres a liberarse de una armadura que les ha hecho daño. La solución no es que el dominio cambie de género. 

Entender la génesis del patriarcado y del machismo nos permite aportar a la equidad de género desde la conciencia y no desde la rabia.

Cuenta la historia que comunidades ancestrales tenían relaciones más cooperativas entre hombres y mujeres; que los deberes y los derechos eran más equitativos e, incluso, que existieron comunidades en las que imperaba el matriarcado.

Entonces, ¿desde cuándo prevalecen el machismo y el patriarcado en nuestra sociedad?
Se cree que su origen comienza cuando aparece el control de la tierra, de las propiedades y de las riquezas. Con la aparición de la propiedad y la acumulación de riqueza surgió también una pregunta decisiva para muchas sociedades: ¿quién heredará lo mío?

Garantizar una descendencia “legítima” empezó a convertirse en prioridad para muchas culturas y, para lograrlo, surgió la necesidad de controlar el cuerpo de la mujer, vigilar la maternidad y limitar la libertad sexual femenina. Así empezó a fortalecerse una estructura en la cual el hombre era propietario y la mujer quedó asociada principalmente a la reproducción.

Las guerras también fortalecieron el patriarcado y el machismo: la fuerza física y la dominación de territorios comenzaron a tener más valor social que el papel cuidador de las mujeres. Luego llegaron las instituciones religiosas, que terminaron de “normalizar” el sistema patriarcal.

Con este recuento no estoy justificando los abusos, la inequidad de género ni la violación de los derechos de las mujeres. Lo que pretendo es poner sobre la mesa la necesidad urgente de trabajar en la deconstrucción de toda esta historia masculina desde la compasión y la acción. La equidad de género no puede quedarse únicamente en el empoderamiento femenino. Sí, necesitamos mujeres fuertes, libres y conscientes de sus derechos. Pero también necesitamos hombres capaces de cuestionar el modelo de masculinidad con el que fueron educados. Necesitamos movimientos fuertes de mujeres y de hombres que trabajen en una transformación colectiva.

Mujeres: estamos haciendo un gran trabajo levantando nuestra voz. No obstante, hoy las invito a que, desde la conciencia, el amor y la capacidad de transformación que tenemos, ayudemos también a los hombres a liberarse de una armadura que les ha hecho daño. La solución no es que el dominio cambie de género.

Desde el grano de arena que aporto en mis talleres de sexualidad femenina, siento que hemos avanzado muchísimo en el empoderamiento femenino, pero también siento que la transformación del machismo no puede sostenerse únicamente sobre los hombros de las mujeres. La equidad necesita hombres dispuestos a cuestionar los privilegios, mandatos y modelos con los que fueron educados.

La pregunta es: ¿cómo ayudamos a los hombres en la deconstrucción de su machismo?