Faltan nueve días para elegir a los congresistas que conformarán la Cámara de Representantes y el Senado de la República, y para participar en las consultas que definirán quiénes podrán aspirar a la Presidencia. Es así como el 8 de marzo deja de ser una fecha más en el calendario y se convierte en la oportunidad de defender nuestra democracia, de decidir si seguimos por el rumbo del socialismo y el neocomunismo, o si enderezamos el camino para defender el orden, la ley y nuestras libertades individuales.
Pero, ¿cómo se defiende la democracia? Dejando a un lado la quejadera permanente frente a la clase política y asumiendo la responsabilidad en las urnas. Si queremos cambiar a nuestros dirigentes debemos empezar por transformar la manera en que enfrentamos los procesos electorales. Tal vez el problema no radica exclusivamente en los políticos, sino en la consciencia y el criterio con que los ciudadanos ejercemos el voto.
La situación actual exige grandeza de todos los actores de la sociedad. Bien lo decía el doctor Álvaro Gómez Hurtado, uno de los últimos estadistas del país, al citar a Simón Bolívar: La gloria está en ser grandes, en salir de la pequeñez.
La verdadera grandeza no está en acomodarse al sistema, sino en encontrar, en medio de la crisis, la puerta que se abre para evitar la catástrofe del neocomunismo, cuya propuesta nos lleva al empobrecimiento, la destrucción de nuestro tejido empresarial y la esclavitud de nuestra gente.
Por eso, resulta desconcertante la actitud de ciertos partidos tradicionales que, en vez de reafirmar principios e ideales, han optado por el cálculo electoral y el empleo militante. Cuando los intereses partidistas se imponen sobre la defensa del Estado social de derecho, se debilita la confianza ciudadana y se alimenta la frustración colectiva.
Esa frustración se refleja en una ciudadanía que hoy enfrenta dificultades en el acceso a medicamentos, a citas con especialistas, a oportunidades educativas y a condiciones de seguridad. Se suma a ello, la pérdida de credibilidad institucional, producto de escándalos de corrupción, y el aumento de cargas tributarias para el empresariado. Todo esto configura un panorama que exige decisiones responsables.
De ahí la invitación a revisar con rigor por quién se va a votar dentro de cada partido, y a tener la grandeza de rechazar en las urnas a quienes, sin declararse de izquierda ni de extrema izquierda, han terminado respaldando proyectos perjudiciales para el país.
En este contexto, resulta destacable la actitud de algunos líderes nacionales que, pese a representar distintas líneas ideológicas han optado por someterse a consultas y construir acuerdos pensando en un propósito superior.
Así que, anímense a votar este 8 de marzo. Recuerden lo leído: Elijan a alguien que defienda la democracia y que comprenda que lo que es bueno para todos termina siendo bueno para cada uno de nosotros.
Les dejo una reflexión final: ¿es coincidencia que las elecciones se celebren justamente un 8 de marzo, fecha que simboliza la lucha histórica por los derechos de las mujeres? ¿Estaremos acercándonos por fin a una Presidencia femenina? La respuesta, como corresponde en democracia, la darán ustedes en las urnas.