Presencia de palomas volando encima de la comida, ratones dejando sus excrementos sobre los teclados, bombillas fundidas, desagües en los baños, ascensores que no funcionan e inestabilidad en el internet son las características con las que describen al Parque Tecnológico de Villamaría, un proyecto pensado para la ciencia, la tecnología y la competitividad del departamento.
Pero, ¿quiénes le atribuyen estas características? Los funcionarios de la Secretaría de Educación de Caldas, quienes en contra de su voluntad, fueron trasladados a esta infraestructura para desarrollar sus laborales.
Como bien lo expresaron, en una carta que hicieron llegar a la Asamblea Departamental de Caldas y que fue socializada en sesión descentralizada llevada a cabo el pasado martes, sus funciones administrativas, bajo ninguna circunstancia, cumplen con el objetivo del proyecto, ya que ellos no investigan ni integran el ecosistema de innovación.
Pero, ¿por qué es imperativo que ellos estén en este lugar? La respuesta se traduce en dos situaciones. Una, la ignorancia absoluta de la Administración Departamental sobre cómo opera un Parque Tecnológico y para qué sirve; y dos, y el motivo principal, la utilización de recursos del Sistema General de Participaciones (SGP) de Educación para destinarlos a cubrir el faltante con el que se terminaría la construcción de la edificación.
Esta infraestructura, que representó una inversión de más de $30.278 millones, no fue concebida para llenarla con oficinas administrativas y burocracia. Su propósito era convertirse en un motor de innovación, emprendimiento, desarrollo empresarial; un ecosistema al servicio de los emprendedores, de las empresas de base tecnológica, las startups y los centros de investigación de las universidades.
Con esta decisión improvisada, sin planeación y sin evaluar alternativas más eficientes como arrendar un espacio en el centro de la ciudad para garantizar el funcionamiento de la Secretaría, buscaron argumentos que justificaran la inversión del SGP en el Parque Tecnológico, pero olvidaron la atención oportuna, la facilidad de acceso de los padres de familia de más de 71.000 estudiantes. Afectaron el sistema educativo y la razón de ser del Parque. Como se lo advertí a los funcionarios: no hay nada más definitivo que lo provisional.
En consecuencia, el Parque Tecnológico lo están perfilando como un elefante blanco. No hay startups, ni procesos de transferencia tecnológica, ni asesorías, ni capacitaciones, ni redes de telecomunicaciones robustas, ni servicios compartidos que fomenten la innovación.
Como siempre lo digo, en el ejercicio de control político que me corresponde como diputado: ¿dónde están los organismos de control? ¿Existe un estudio de un perito que determine el cumplimiento del contrato por parte de los constructores del Parque? ¿Por qué no se aplicaron oportunamente las pólizas? ¿Qué análisis ha hecho la Contraloría sobre la utilización del SGP? ¿Cumplieron los interventores con sus funciones, al igual que los supervisores de los contratos?
Otra vez, los presuntos actos de corrupción, la politiquería, el clientelismo, la ignorancia administrativa y la falta de rigor técnico en el ejercicio de los organismos de control frustra el sueño de empresarios, emprendedores y de toda una región, que desde hace 26 años busca mejorar su competitividad con un modelo de desarrollo basado en la innovación y la tecnología.
El problema no es solo un edificio mal utilizado, sino una forma de gobernar que privilegia la improvisación sobre la planificación, la apariencia sobre los resultados y el gasto sobre el impacto. Y así, lo que debía ser un símbolo de progreso termina convertido en un monumento a la desidia institucional.