¿Sabía usted que de cada 100 pesos que espera recaudar este año el Gobierno nacional por impuesto de renta e IVA, deberá destinar 39 pesos a atender el pago de las deudas de la Nación? ¿Y sabía que la deuda pública de nuestro país, a diciembre del 2025, ascendió a $1.192 billones (‘con b’) y que ese monto representó el 64,3% de todo lo que produjo Colombia (PIB) en el último año? Estas son, sin duda, palabras mayores que deberían prender las alarmas de todo el país.
Antes de la pandemia, en el 2019, la deuda pública representaba el 47,2% del PIB, un nivel manejable para una economía como la colombiana. Sin embargo, la pandemia disparó el endeudamiento, como ocurrió en casi todo el mundo, con el agravante de que Colombia, en los años siguientes, ha tenido que pagar cada vez más caro por endeudarse. Solamente en el 2025 pagó tasas de interés superiores al 13%, por una deuda que ese mismo año subió casi 5 puntos del PIB.
Y no es catastrofismo: es matemática, porque detrás de los números hay hechos concretos. Desde el 2022, los gastos de funcionamiento crecieron a un ritmo acelerado; se presentaron presupuestos al Congreso que fueron rechazados o recortados por irreales; y se financiaron gastos corrientes con deuda nueva, que es como pagar el mercado con la tarjeta de crédito. Y como telón de fondo, un Gobierno en permanente pulso con el Banco de la República, que no logra sacar adelante reformas fiscales creíbles y que manda señales contradictorias sobre el manejo de las finanzas públicas.
Ahora bien, el hecho de que un país se endeude no es, en sí mismo, un problema. El problema es cuando año tras año, y sin freno visible, la deuda crece a un ritmo superior al de la producción nacional. Si una economía crece al 2% y la deuda crece al 16%, algo no cuadra. En ese momento, los prestamistas exigen tasas más altas, sube el costo de la deuda y se reduce el margen de maniobra para atender las necesidades reales del país. Y aunque el Gobierno controvierta las cifras, lo cierto es que sigue acudiendo al crédito para atender su funcionamiento.
Colombia necesita con urgencia un pacto fiscal sustentado en un presupuesto que cuadre, en una regla fiscal que se cumpla y en un gobernante que le diga la verdad al país sobre lo que puede gastar y lo que no. El próximo presidente deberá resolver este problema, porque de no hacerlo llevará al país por un camino del que será muy difícil y doloroso salir.
Traducido esto a nuestra realidad, si Colombia sigue en esta senda llegará el momento en que no alcanzará la plata para pagar pensiones, maestros, empleados públicos, hospitales, carreteras… porque primero habrá que pagarles a los acreedores. Y cuando el país despierte de este escenario, el ajuste que deberá hacer a las finanzas del Estado lo pagaremos los mismos de siempre: empresarios, trabajadores, campesinos, pacientes de la EPS, en fin… y los ciudadanos de a pie... que somos todos.
20 Abr, 2026
¿Y quién va a pagar toda esa deuda?
Si Colombia sigue en esta senda llegará el momento en que no alcanzará la plata para pagar pensiones, maestros, empleados públicos, hospitales, carreteras.