Julián Escobar Rincón* - www.drjulianescobar.com
La Cuaresma propone un tiempo de reflexión y sobriedad. Además de su sentido espiritual para millones de personas, este periodo ofrece una oportunidad práctica para revisar nuestros hábitos. El ayuno y la moderación no son castigos: bien entendidos, funcionan como una pausa consciente frente a cuatro excesos normalizados hoy: trabajo sin límites, comida en exceso, estrés crónico y consumo de alcohol.
En una sociedad que normaliza el “siempre más”, los excesos se han vuelto parte del paisaje cotidiano. Estos son factores de riesgo con efectos medibles y acumulativos sobre la salud física y mental. La evidencia científica es clara: el cuerpo cobra la factura, tarde o temprano.
El exceso laboral no es sinónimo de productividad. Jornadas prolongadas y falta de descanso se asocian con mayor riesgo de enfermedad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo han advertido que las largas jornadas incrementan el riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad.
La privación crónica de sueño deteriora la memoria, la atención y el control emocional; además, eleva el riesgo de errores y accidentes. Trabajar más horas no compensa el desgaste biológico: reduce el rendimiento real y acorta la salud.
El exceso de comida, especialmente de ultraprocesados ricos en azúcares, grasas y sodio, alimenta una epidemia de obesidad, diabetes, hígado graso y enfermedad cardiovascular. No se trata solo de “calorías de más”, sino de un entorno que promueve porciones grandes y consumo impulsivo. Comer en exceso de forma habitual altera la regulación del apetito, trastorna el metabolismo y sostiene un círculo vicioso de cansancio y antojos.
El exceso de estrés actúa como un acelerador de enfermedad. La activación sostenida del sistema de estrés favorece la hipertensión, la inflamación, las alteraciones del sistema inmune y los trastornos digestivos. En el plano mental, el estrés crónico se asocia con ansiedad, depresión y burnout. No es “solo mental”, el estrés prolongado deja huella en los vasos sanguíneos, el corazón y el metabolismo. Normalizar la sobrecarga emocional como signo de “fortaleza” es una mala idea.
El exceso de alcohol sigue siendo uno de los factores de riesgo más subestimados. Incrementa el riesgo de cirrosis, pancreatitis, varios tipos de cáncer, accidentes de tránsito y violencia. La OMS ha sido categórica: no existe un nivel completamente seguro de consumo de alcohol para la salud. Además, el consumo frecuente interfiere con el sueño, la concentración y el estado de ánimo, afectando el desempeño laboral y las relaciones personales.
Moderar excesos, ordenar horarios, comer de forma saludable y con intención, sumado a cortar el alcohol por un periodo, son decisiones pequeñas con impacto acumulativo. La disciplina del ayuno (bien orientado) es una herramienta concreta de prevención y de salud mental. Detenerse a tiempo no empobrece la vida: la protege, nos reconecta y recuerda que la Cuaresma no exige santidad, exige coherencia.
Cita
Monseñor José Miguel Gómez nos comparte: “La Cuaresma, en la tradición católica, es un tiempo en el cual limitamos voluntariamente el consumo de cosas que pueden apartarnos de Dios. El espíritu del ayuno, que es el que este artículo explica y completa de manera científica, nos recuerda que Dios nos ama y quiere que estemos saludables en todo sentido. Dios quiere, además, que nuestra conversión sea duradera. Quiere que después de la Cuaresma aprendamos que esa moderación en el uso de la comida y la bebida o en el dedicarnos al trabajo con esfuerzo desproporcionado, son importantes porque nosotros somos importantes para él”.
* Cirujano de mano y miembro superior, ortopedista y traumatólogo.
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