Opinión
07 Abr, 2026

Del narcisismo al nazismo

Veremos si el juego de ser emperador mundial con sus bombardeos en Yemen, Irán, Venezuela, Siria, Irak, Nigeria y Somalia le servirá para las elecciones.

Dos películas recientes me han dejado en la cabeza la pregunta de qué tan parecidos son Adolf Hitler y Donald Trump. La primera, Una batalla tras otra, ganadora de seis Óscar en la última edición, y Nuremberg: el juicio final (hoy en cartelera).

Ambas películas hacen, con mayor o menor grado, una comparación entre el régimen estadounidense y el nazismo. En la primera, un club de supremacistas blancos, el Club de los Aventureros de Navidad, no tolera la mezcla de su sangre con la sangre de los negros; en la segunda, el juicio a los oficiales nazi tras la Segunda Guerra Mundial, se narra la historia, entre otras, del psiquiatra y oficial del ejército gringo, Douglas Kelley -representado por Rami Malek-, quien elaboró cuadros clínicos de los altos mandos alemanes cuando fueron recluidos, antes del famoso juicio, y concluyó que no estaban locos y que eran responsables de sus actos.

El personaje de Kelley, al final de la película, afirma que el próximo nazismo no vendrá necesariamente vestido de uniforme, sino que serán personas comunes y corrientes en busca del poder: avivarán el odio e intentarán trepar sobre cadáveres para controlarlo todo. Y podrán emerger en cualquier país, incluso en Estados Unidos.

Comparar a Hitler con Trump puede sonar a trino trasnochado del presidente Petro, pero si se mira estos detalles que menciona Henk de Berg, profesor de alemán en el Reino Unido, en su libro Trump y Hitler: un estudio comparativo sobre la mentira, no creo que sea algo descabellado; ambos basaron su estrategia política en culpar de todos los males de su país a un grupo poblacional (Hitler en los judíos, Trump en los aliens o migrantes), ambos sustentaron su accionar político en grandes mentiras, ambos tuvieron una idea de supremacismo racial, ambos usaron discursos simples y fácilmente identificables, ambos fueron una especie de show man de la política como espectáculo teatral. Trump no tiene a cuestas seis millones de judíos, pero no se sabe hasta dónde es capaz de llegar su narcisismo. Del narcisismo al nazismo solo hay tres letras de diferencia.

Ahora bien, cuánto de estas características es propio solo de Trump y cuánto es propio del régimen estadounidense. Es cierto que el presidente era un payaso con plata al que nadie le prestaba atención, las élites republicanas vieron en él una oportunidad para el resurgir de su visión del mundo y de sus intereses, pero pronto Trump se tomó el Estado como si fuera su Mar-A-Lago y el mundo como su patio trasero.

Veremos si el juego de ser emperador mundial con sus bombardeos en Yemen, Irán, Venezuela, Siria, Irak, Nigeria y Somalia le servirá para las elecciones de mitad de mandato de noviembre de este año, en las cuales se elegirá el nuevo Congreso. Veremos si en realidad existe el sistema de pesos y contrapesos en Estados Unidos y si Trump es solo un presidente más.

Por lo pronto, para los colombianos perdidos amantes de Trump y que no comulguen con la extrema derecha, esta comparación es odiosa. Pero recuerden que en la campaña de Trump hubo videos en los que aparecía el eslogan “Reich unificado” y que John Kelly, su exjefe de gabinete, afirmó que su otrora jefe decía que Hitler había hecho cosas buenas y que sus generales deberían ser como los generales nazi.