A pesar de que el Eje Cafetero es una región con alta vocación agropecuaria, cada departamento enfrenta retos críticos de inseguridad alimentaria, lo que incluye a Caldas donde se presenta una de las tasas de inseguridad alimentaria moderada y grave más bajas de Colombia en el 2025, rondando valores del 14,6%, una cuantía 12,5% más baja que el promedio nacional que se ubica en un 21,1%. Pero pese a esa diferencia el mayor desafío se concentra en la ruralidad dispersa, donde persisten retos de desnutrición en la primera infancia y de acceso a dietas diversificadas. Si en el 2022 según el DANE, los parámetros de prevalencia a la seguridad alimentaria para Caldas fueron del 12,5% en el nivel moderado, también llegaron al 2,5% en el nivel grave caracterizado por falta de alimentos.
El panorama de la seguridad alimentaria en este departamento se resume en dos asuntos, Inseguridad Alimentaria y Desnutrición Infantil: en lo primero porque en los últimos reportes del DANE, Caldas, que en comparación con otras regiones pasa teniendo menos de 15 de cada 100 hogares que sufren de inseguridad alimentaria moderada o grave, también debe superar otros escollos; y en lo segundo, porque la geografía caldense como barrera, afecta la calidad de vida en el campo. Por fortuna, a través de la Red de Seguridad Alimentaria y Nutricional, al lado de entidades como los Bancos de Alimentos de Colombia que trabajan en rescatar excedentes agrícolas, Caldas ha logrado disminuir la prevalencia de desnutrición aguda a cifras cercanas al 1,24% y la desnutrición global a 2,91%.
Súmense los Programas de Apoyo y la Política Pública, ya que entidades como Prosperidad Social han implementado estrategias de emergencia como Alimentos para la Vida en zonas urbanas vulnerables con hogares de pobreza extrema, y especialmente en el rural disperso caldense, donde se concentran las alertas institucionales para fortalecer la soberanía alimentaria de poblaciones vulnerables. Además, en el 2025 Caldas mantuvo una articulación con la academia y organizaciones de las Naciones Unidas (FAO) para reducir los índices de malnutrición a través de la formación de reservas básicas, del fortalecimiento tecnológico, la capacitación y el fomento agrícola, facilitando con C&T la seguridad alimentaria, y asegurando el acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos.
Mientras Risaralda redujo la inseguridad alimentaria al 10,3% en el 2025, logrando una disminución del 50% frente al 2024, y Caldas reportó una incidencia del 12,8%, dados los índices de desnutrición en la primera infancia el mapa comparativo de la región con el Quindío, muestra avances constantes en la reducción del hambre y la malnutrición infantil. Finalmente, Manizales lidera indicadores nacionales con una tasa de pobreza extrema de 3,1%, la más baja del país, aunque persisten focos críticos en los estratos 1 y 2, donde 1 de cada 4 hogares tiene miembros que no acceden a las tres comidas diarias. Para los logros señalados, habrá que reconocer la incidencia del programa Hambre Cero y de los planes de Seguridad Alimentaria de la RAP Eje Cafetero.