Fanny Bernal Orozco * liberia53@hotmail.com
Artículos, mensajes, libros, podcast, se venden -con frecuencia- como una invitación a ser felices, dejar las preocupaciones a un lado y por fin vivir, como cada cual cree que se lo merece. Sin embargo, aunque parecen muy halagadoras las frases, no es tan fácil ser feliz por mandato, por moda o porque la sociedad no soporta el dolor ni la amargura.
Y cuando aparece un atisbo de dolor o de tristeza, alguien se acerca y te invita a decir que hay que pensar de manera positiva, que hay que alejar el dolor, que este es de mal agüero. Que más bien hay que hacer una lista de las cosas que se poseen, de las personas que están al lado y comenzar a agradecer y a agradecer, ya que el tener y el poseer siempre se asocian con la felicidad.
Pocas veces hay tiempo para pensar y reflexionar acerca de que esta invitación, lo que hace es coartar las expresiones emocionales a las que tiene derecho cualquier ser humano. Claro que hay gestos y palabras amables, solo que estas deben comenzar por conocer el origen de la tristeza, del dolor, del malestar o de la amargura. Lo anterior no es otra cosa que realmente conectarse con la persona que sufre, con respeto por sus quejas y sus emociones.
Quizás todos hemos pronunciado palabras amables, con pobre sentido, las cuales se tornan huecas y vacías y en ocasiones llevan a las personas que tienen dolor emocional a esconder sus penas, a enmascararlo, con el fin de no escuchar tantas frases vanas que en vez de ayudar critican, señalan, reprochan o juzgan.
Y entonces, es frecuente escuchar ‘tengo que ser feliz para mis hijos, para mi pareja, para poder estar en el trabajo’. En fin, se anda un camino en el cual, las personas se sienten culpables, porque no están mostrando felicidad todo el tiempo y entonces optan por aislarse, esconderse y buscan pretextos para no conversar, para no compartir, lo que lleva a que los más cercanos afirmen:
- Tú siempre con lo mismo, hasta cuando vas a llorar.
- No hermano échele tierra a esa ruptura, uno tiene que soltar.
- Yo creo que nos estás manipulando.
- Las mujeres, siempre tan pesadas.
- Lo que tienes que hacer, es buscar rápido otra pareja.
- No, pero sufriendo por esa bobada: ¡eso no es nada!.
Todas estas son frases que descalifican e impiden el sano fluir del dolor. Y es que la felicidad no puede ser una obligación. En las campañas publicitarias, no existe el malestar, todo es hermoso e idílico, parece que es indebido sentir otra emoción y así, poco a poco, se transita por un mundo que anestesia algunas expresiones y que casi que las prohíbe.
Parece que tristeza, miedo, ansiedad, rabia, culpa, frustración, fracaso son un problema y en vez de aprender a gestionar, a resolver, a aceptar cada una de ellas, hay que esconderlas, a través de máscaras, algunas conocidas como depresión sonriente o felicidad tóxica, dos nombres, dos actitudes que evaden la confrontación y el desacomodo emocional, para mantener una actitud optimista permanente; tal vez sin pensar en las nefastas consecuencias que pueden surgir para la salud mental y emocional.
* Psicóloga - Docente de la Universidad de Manizales.
www.fannybernalorozco.com
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