Fanny Bernal Orozco * liberia53@hotmail.com

 

Las palabras tienen una gran influencia en los seres humanos, tanto en lo que sienten y piensan, como en sus acciones. Son un recurso esencial para tejer relaciones con los demás y desde esa perspectiva, su adecuado uso, es una condición necesaria para tener sosiego y calma en tiempos difíciles, lo cual implica estar atentos, prestar atención y mantener una fuerte vigilancia a lo que se quiere expresar.

Hay palabras que desencadenan malestar, distancias emocionales y afectivas; así como conflictos e inclusive guerras, con todo el dolor y el sufrimiento que estas situaciones en el mundo cotidiano arrastran. Pero así mismo, hay palabras para acercar a otros, para sanar, fortalecer vínculos afectivos e inclusive sembrar calma y serenidad.

Hoy se ha vuelto muy frecuente escuchar tanto a jóvenes como a adultos e inclusive a menores, haciendo uso de un vocabulario soez, vulgar, chabacano. Con gran facilidad sus palabras pasan de una frase bien ramplona a otra más baja y procaz e inclusive no se les escapa el tono violento. No importa si es alguien con o sin estudios, eso es lo de menos, en ese sentido la mayoría parece estar en el mismo nivel.

Alguien manifestó en una reunión, que cuál era el problema, pues así es como se usa hablar ahora y que si es bien duro o gritando, mucho mejor, pues las personas están convencidas de que así se gana más reconocimiento de los demás.

Así entonces, el día a día está lleno de frases que se expresan y multiplican, tanto en las relaciones, como en las canciones que se escuchan en conciertos, emisoras y plataformas; mientras que la gente (niños, adolescentes) como autómatas aplauden y repiten, sin pensar, ni reflexionar en lo que estas letras contienen y menos en los mensajes subliminales, que dejan en la memoria emocional de los seres humanos.

La violencia verbal es un indicador de que hay asuntos que no andan bien y que quizás se necesita ayuda de un profesional para aclarar pensamientos, sanar emociones y además aprender a relacionarse con respeto, prudencia y asertividad.

Es necesario tener claro que las palabras estimulan áreas específicas del cerebro, por lo tanto, pueden causar estrés y ansiedad, rabia, miedo, dolor o placidez y armonía emocional. Conocer esta relación es importante para cultivar un mayor bienestar.

Saber nombrar las emociones e identificarlas, ser competentes en el uso de las palabras, estar alertas ante los cambios y respuestas emocionales que estas generan, son claves transcendentales para enriquecer las relaciones con los demás y de manera especial, entender cómo se entrelazan pensamientos, palabras, emociones y acciones, para afectar de manera positiva o negativa la propia la salud mental o la de los demás.

Es importante hacerse estas preguntas:

- ¿Usted cómo nutre y cultiva su cerebro, en la relación palabra y emoción?

- ¿Se ha dado cuenta, cómo impactan en las emociones, sus palabras a las personas que le rodean?

- ¿Cómo se siente usted, cuando le tratan con palabras soeces o violentas?

Las palabras dan cuenta de cómo ve, experimenta y siente la vida una persona, por lo tanto, al usar un lenguaje respetuoso se afecta también el propio mundo emocional y el de los demás, ya que este es un referente, además de la empatía y la asertividad, que se entrelaza en una relación. Les invito a aprender y pronunciar palabras que generen emociones saludables.

 

* Psicóloga - Docente titular de la Universidad de Manizales.

www.fannybernalorozco.com

 


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