El Once arañó otro punto, sin convencer. Buscó, pero no encontró el fútbol perdido, el deseado. Falló en eficiencia estructural y no pudo organizar su caos.
Sonrió al final con un gol solitario, inesperado, que valió la tarde y maquilló el resultado, como consecuencia de las variantes del Arriero Herrera, quien rastreó soluciones, con retardo en la interpretación del juego con sus características.
Sus relevos, Navarro, Gómez, Quiñones y Zapata, con toques finos, vaselina en la asistencia y clase en la definición, abrieron el camino de la igualdad al entrar en escena.
El empate tapó los errores. Con jugadores lentos, excedidos en peso, predecibles y con la vida caótica en cercanías del área. Solo dos remates a puerta, tuvo.
Con Beltrán en la cancha regaló un tiempo. Con Tomás García, su relevo, encontró equilibrio. Con Dayro, inadaptado esta vez al espacio de maniobra y desvinculado de sus compañeros, el Once jugó en desventaja.
El gol en contra, como ocurre siempre, fue consecuencia de la confusión defensiva. Ante el remate final, todos fuera de la acción, sin la presión requerida o con errores infantiles como el de Kevin Cuesta, quien cabeceó mal perfilado y con indecisión.
Se acostumbra el Once a complicar los partidos accesibles, por sus continuos errores, muchos de ellos impropios de su categoría. Aunque reconocido es el trabajo físico de Cardona, sofocando incendios en las bandas o como dominador de los duelos en la zona central defensiva.
Comprometido en esfuerzos individuales, al Once, sin Niche Sánchez en la conducción, le cuesta la pelota, no la aguanta, la pierde con facilidad, pese al interés por integrarse al juego de conjunto de Jader Quiñones y la importancia que aporta Deinner, en la maniobra ofensiva, como válida alternativa.
Las debilidades en el juego están identificadas, con especial énfasis en la definición. Nadie explica por qué el Once embiste, pero se ahoga al ingresar al área. Muchas horas de trabajo y poca evolución.
Buenas serían las explicaciones, del porqué los fichajes llegaron fuera de forma. En el caso particular de Rodallega, condicionado por la gravedad de su lesión.
Aunque ya no está, mucho de este panorama tiene como responsable al gerente dimitido, Felipe Gutiérrez.
El Once Caldas marcha invicto, pero no conecta con el público porque a sus futbolistas no los respaldan los indicadores de rendimiento. Esto, tarde o temprano, tiene su costo, si no hay una mejoría en rendimiento y resultados.
P.D.: Andrés Roa ya hizo fútbol. El Niche y Tamayo vuelven contra Junior. Por definir un defensa central. En la agenda el uruguayo Joaquín Varela y un chileno.