Aunque muy parecidos, los sustantivos ‘indignidad’ e ‘indignación’ son diferentes. Después de analizar los efectos desastrosos de la fracasada ‘Paz total’ de Petro, el columnista presbítero Luis Felipe Gómez Restrepo comenta: “La indignidad ciudadana, entonces, no es un exceso emocional (...) y esa indignidad pide algo concreto...” (LA PATRIA, 3/5/2026). Lógicamente, el columnista quiso expresar la idea de ‘indignación’, palabra que viene del latín ‘indignatio-onis’ (‘ira, enojo, enfado, cólera’) y significa “enfado violento provocado en alguien por una acción injusta o reprobable” (M. Moliner), como los actos terroristas de los últimos días. En cambio, ‘indignidad’, también del latín ‘indignitas-tatis’ (‘humillación, bajeza, ruindad’) quiere decir ‘falta de dignidad’ (‘excelencia, realce, decoro, seriedad’); también “canallada o mala acción cometida contra alguien” (Ibídem). La precisión en la expresión de las ideas o conceptos hace inteligible la redacción.
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Las comas del caso vocativo, insisto, no son opcionales. Son obligatorias y necesarias para expresar adecuadamente la idea del redactor. Ejemplo clarísimo de esto, el siguiente titular de un editorial de Eje 21 y el nombre de un movimiento de periodistas: “Yo te creo colega” (6/5/2026). Redactado así, sin la coma, el titular quiere decir que ‘considero que eres mi colega’, es decir, que creo que lo eres. Con la coma, “yo te creo, colega”, le dice que ‘cree en sus palabras, afirmaciones o acusaciones’, que es la idea que el redactor quiso expresar. La omisión de esta coma es muy frecuente, inclusive en textos que, por su procedencia, debieron ser sometidos a muchas revisiones, como los de alguna publicidad, y, puntualmente, del nombre de ese movimiento. ¿Nadie vio la necesidad de esa coma? ¡Mala señal, muy mala! La casticidad de nuestro lenguaje no tiene dolientes.
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Aunque los pronunciamos de la misma manera, son muy distintos los verbos ‘encausar’ y ‘encauzar’. El columnista de Eje 21 Alberto Zuluaga Trujillo finaliza su artículo de esta manera: “...y se animen a votar por quien representa la esperanza de una Colombia urgida de una verdadera paz, que encause el real progreso con justicia social y pleno empleo” (4/5/2026). Castizamente, “...que encauce el real progreso...”, vale decir, ‘que lo ponga en el camino de la justicia social y el pleno empleo’. Además de ‘abrir cauces para corrientes’, el verbo encauzar significa ‘dirigir a alguien o algo por el buen camino’, y tiene como sinónimos ‘educar, enseñar’. Este verbo, como todos los que tienen la zeta radical (‘izar, alcanzar, alzar’), cambia esta consonante por ‘ce’ en las inflexiones que terminan en la vocal cerrada ‘e’. Dicho cambio se da en la primera persona del singular del pretérito de indicativo: ‘encaucé’; en el presente de subjuntivo: ‘encauce, encauces, encauce; encaucemos, encaucéis, encaucen’, y en el imperativo: ‘encauce, encaucemos, encaucen’. Y el verbo ‘encausar’, que se conjuga de la misma manera aunque sin cambios, significa ‘llevar a alguien ante los tribunales de justicia, procesarlo’.
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Es usual entre los redactores el empleo del verbo ‘requerir’ –y de ‘necesitar’– con la preposición ‘de’ para su complemento directo, como en el siguiente ejemplo: “...el país necesita mano firme ya; que requiere de acciones concretas inmediatas para controlar los desafueros zurdos que a diario nos atropellan” (Eje 21, Jorge Enrique Pava Quiceno, 8/5/2026). Simplemente, “...que requiere acciones...”, es decir, ‘que pide acciones’. Hay una excepción en el dicho ‘requerir de amores’, que significa ‘solicitar el amor de una mujer’. En algunas oraciones, la preposición ‘de’ introduce un complemento circunstancial de procedencia, verbigracia, ‘Colombia requiere de sus ciudadanos lealtad y compromiso’. En ésta, el complemento directo es ‘lealtad y compromiso’; el circunstancial, ‘de sus ciudadanos’. Elemental.