El trabajo de cuidado sostiene nuestro diario vivir. Y la economía del cuidado se sostiene principalmente en el trabajo -remunerado y no remunerado- de las mujeres. ¿En qué se traduce esto? En una gran brecha de autonomía económica en la cual las mujeres, aun cuando suelen ser ese sostén “invisible” de la vida diaria, llevan las de perder.
Esta realidad se ve de miles de formas distintas. Hay niños que la viven con mamás que los llevan al colegio y están pendientes de sus avances y dificultades. Otros la viven yendo a la casa de la tía a hacer sus tareas después del colegio, porque sus papás trabajan todo el día. La madre que es también cuidadora de su madre de 81 años, y de su esposo con discapacidad, vive otra realidad totalmente diferente. Lo que sucede en las áreas rurales es otra historia.
El elemento en común en cada una de estas realidades es el trabajo de las mujeres; que más que invisible, es tradicionalmente invisibilizado. Y, con una alta probabilidad, la desigualdad en la repartición de toda esa carga de trabajo de cuidado y la ausencia de remuneración también entran allí.
La Encuesta de Percepción Ciudadana (EPC) 2025 de Manizales Cómo Vamos midió la percepción de hombres y mujeres frente a cuántas horas al día dedican a tareas de cuidado no remunerado. El 24% de las mujeres y el 7% de los hombres manifestaron dedicar más de ocho horas al día a estas labores. La proporción de mujeres que dedican más de una jornada laboral completa al cuidado no remunerado equivale a más del triple que la proporción de hombres.
Tampoco es una realidad que se limite al ámbito local. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) afirma que la principal barrera que enfrentan las mujeres para participar en el mercado de trabajo es el tiempo que dedican al cuidado no remunerado (ver: https://shorturl.at/Vv6K6). La EPC muestra que, de las mujeres que enfrentaron barreras para encontrar trabajo en el 2025, el 11% de ellas lo atribuye a sus responsabilidades de cuidado.
Ahí está la tía que le ayuda a hacer las tareas a los niños mientras los papás trabajan, la abuela que ha dedicado su vida entera a cuidar de su familia. Y estas mujeres también enfrentan una gran disyuntiva: si participan en el mercado laboral, la labor de cuidado se puede llegar a castigar con menores salarios o escasas oportunidades de crecimiento profesional. Si no participan, corren un alto riesgo de no tener ingresos propios. De no tener autonomía.
De acuerdo con la CEPAL (2023), 1 de cada 4 mujeres en América Latina y el Caribe no tienen ingresos propios (ver: https://oig.cepal.org/es/indicadores). 1 de cada 4 de las mujeres que usted conoce no tienen autonomía económica. Dar pasos concretos para visibilizar, reconocer y cerrar las brechas de género en trabajo de cuidado no remunerado y participación en el mercado laboral, además de ser una inversión estratégica para el desarrollo sostenible y una responsabilidad colectiva, es una deuda histórica gigantesca que tenemos con cada una de las mujeres en nuestras vidas.